Lo que queda de Venezuela

El régimen de Maduro se está convirtiendo en el sepulturero de la ‘Revolución Bolivariana’. Enfrentado a una coalición de fuerzas de centro que creen en la democracia y el mercado, es un modelo muerto y nada puede recuperarlo



JOAQUÍN VILLALOBOS
Fue guerrillero salvadoreño y es consultor para la resolución de conflictos internacionales.


En Latinoamérica están en marcha tres transiciones que golpean a la extrema izquierda: el fin de la lucha armada en Colombia; el retorno gradual, pero irreversible, de Cuba al capitalismo; y el final de la Revolución Bolivariana.Venezuela es el eje de estas tres transiciones. Con más de 400 presos políticos y la negación a la alternancia mediante elecciones libres, el régimen chavista se destapó como dictadura. Después del intento de Fujimori, se acabaron en el continente las dictaduras de extrema derecha y tras casi 40 años de democracia solo quedan las dictaduras de extrema izquierda en Cuba y Venezuela. En este contexto, los 100 días de protestas contra Maduro se han convertido en la rebelión pacífica más prolongada y de mayor participación en la historia de Latinoamérica. Ninguna dictadura anterior enfrentó un rechazo tan contundente.



Si Nicolás Maduro hubiese aceptado el referéndum revocatorio en el 2016, posiblemente hubiera perdido conservando un 40% de los votos. Pero ahora cada día que pasa su soporte es menor, con lo cual Maduro se está convirtiendo en el sepulturero de la Revolución Bolivariana. Es totalmente falso que en Venezuela haya una lucha entre izquierda revolucionaria y derecha fascista; el régimen venezolano está enfrentado a una coalición de fuerzas esencialmente de centro que incluye a partidos, líderes, organizaciones sociales e intelectuales de izquierda que creen en la democracia y el mercado. Lo que está en juego en Venezuela es el futuro del centrismo político en Latinoamérica, porque en esta ocasión, las fuerzas democráticas no son compañeros de viaje de extremistas ni de derecha, ni de izquierda. La derrota del extremismo abre la posibilidad de alcanzar una mayor madurez democrática en el continente.


Chávez pudo darle unos años más de vida al régimen cubano que ahora, literalmente, está buscando desprenderse de la teta petrolera venezolana para agarrarse de la teta financiera norteamericana. Hace 18 años era intelectualmente obvio que la Revolución Bolivariana tenía fecha de caducidad. La historia de sube y baja de los precios del petróleo y los avances tecnológicos volvían absurda la pretendida eternidad de un socialismo petrolero que permitiera repartir sin producir. Sin embargo, izquierdistas de toda Latinoamérica, España, Francia, Gran Bretaña, Estados Unidos y del resto del mundo vieron en Hugo Chávez la resurrección del mesías y en Venezuela el renacimiento de la utopía que había muerto en Europa Oriental y agonizaba en Cuba. La euforia fue tal que, para muchos, ser de izquierda implicaba aplaudir a Chávez y no criticar a Fidel Castro. La chequera venezolana compró lealtades a escala universal. Sin duda el final del régimen dejaría perdedores en todas partes, por eso sigue conservando defensores y obteniendo silencios.


Pero, finalmente, tal como era previsible, se produjo la implosión del socialismo del siglo XXI y la crisis humanitaria que ha generado es descomunal; la fiesta del despilfarro revolucionario y del robo oportunista ha terminado. El modelo chavista saltó de la inclusión social a la multiplicación exponencial de la miseria. El modelo está muerto y absolutamente nada puede recuperarlo. El régimen de Chávez fue el único de los llamados bolivarianos que le declaró una guerra abierta al mercado con expropiaciones que acabaron con la economía de Venezuela. Ahora solo le queda la fuerza bruta del carácter militar que siempre tuvo. Las ideas que acogió Chávez fueron más una oportunidad para la tradición militarista venezolana que una definición ideológica. El principal factor de cohesión de la Revolución Bolivariana nunca fue la ideología, sino el dinero. Con los billones de dólares en ingresos petroleros fue fácil que un grupo de militares se decidiera, para beneficio propio, confesarse izquierdistas.


Es falso que en Venezuela haya una lucha entre izquierda revolucionaria y derecha fascista

Los militares venezolanos tienen más generales que Estados Unidos, ocupan miles de puestos de gobierno, han armado paramilitares, se han involucrado en el narcotráfico, han intervenido y expropiado empresas, se benefician de la corrupción, controlan el mercado negro, reprimen, apresan, torturan, juzgan y encarcelan opositores. En 17 años los militares han matado casi 300 venezolanos por protestar en las calles. En la historia de las dictaduras latinoamericanas no ha existido una élite militar que haya podido enriquecerse tanto como la venezolana y todo esto lo han defendido como “revolución popular” los extremistas de izquierda en todo el planeta. La plata venezolana logró que intelectuales de primer y tercer mundo establecieran que los antes “gorilas derechistas” fueran reconocidos como un fenómeno revolucionario.


En el pasado, los revolucionarios latinoamericanos fueron perseguidos por Estados Unidos; los bolivarianos, por el contrario, tienen propiedades y cuentas bancarias en Florida. A Venezuela no necesitan invadirla como a Cuba, tampoco requieren armar contrarrevolucionarios como lo hicieron con Nicaragua. LaRevolución Bolivariana no depende de Rusia, ni de China, sino de que su enemigo, el “imperialismo yankee”, le siga comprando petróleo. Venezuela cubre solo el 8% del mercado estadounidense. Suspender esa compra no afectaría a Estados Unidos y no sería una agresión, sino una decisión de mercado. Por ello, aunque parezca inaudito, Maduro sigue gobernando gracias a la compasión de Donald Trump. No hay argumento antimperialista que valga, Estados Unidos no ha metido su mano en Venezuela como la metió en Chile, República Dominicana, Panamá o El Salvador.


Los enormes progresos en bienestar logrados por el centroizquierda en Costa Rica, Chile, España y, no digamos, Suecia, Noruega o Dinamarca respetando la democracia y el mercado contrastan con el desastre social y económico de Cuba y Venezuela. Es incomprensible la terquedad de los utópicos de querer hacer posible lo imposible. Chávez no inventó un nuevo socialismo para el siglo XXI, sino que repitió el camino equivocado al pelearse con las fuerzas del mercado y ahora sus herederos hacen lo mismo contra la democracia.

Los bolivarianos bajaron la producción del petróleo y despilfarraron unos ingresos históricos


El supuesto marxista era que laRevolución Bolivariana lograría el desarrollo de las fuerzas productivas, pero, al igual que en Cuba, lo que hubo fue destrucción de las fuerzas productivas. Los bolivarianos hicieron retroceder la producción de petróleo y despilfarraron los ingresos más altos que ha tenido Venezuela en toda su historia. Pero no solo se contradijeron con Carlos Marx. En Venezuela a los de arriba se les ha vuelto imposible gobernar, hay un agravamiento extremo de la miseria de la gente y existe una intensificación extraordinaria de la lucha popular. Estas son las tres condiciones que estableció Vladímir Lenin para reconocer la existencia de una situación revolucionaria. Qué triste debe ser comprarse una revolución de mentiras y ser derrotado por una de verdad. Como dice Rubén Blades en su canción: “Sorpresas te da la vida, la vida te da sorpresa.


Tomado del diario El País de España

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sábado, 22 de julio de 2017

EDITORIAL

Juan Páez Ávila

La consulta al soberano convocada por la Asamblea Nacional, de acuerdo con el artículo 70 de la Constitución Nacional de la República Bolivariana de Venezuela, en la que sufragaron 7 millones y medio de ciudadanos, para rechazar la ilegal convocatoria de una Asamblea Nacional Constituyente, realizada por el Presidente Nicolás Maduro, sin consultar el pueblo, ha tenido una repercusión nacional e internacional de gobernantes, legisladores y diversos sectores de la sociedad civil, que puede y debe llevar a un cambio político, económico y social, de una manera pacífica y electoral.

El precedente venezolano ha sorprendido a los más altos representantes del mundo democrático, que no sólo le han brindado apoyo a la oposición del país, sino que también le han solicitado al Presidente Maduro que desmonte el llamado a la Asamblea Nacional Constituyente, porque contraría el pensamiento y la voluntad de millones de ciudadanos, que tienen más 100 días manifestando masivamente en las calles de la principales ciudades del país, protestando lo que es una flagrante violación a la Carta Magna. 

La sorpresa se hace mayor cuando varios ex presidentes democráticos y varios organismos internacionales defensores de los Derechos Humanos y de la democracia en general, han podido presenciar la realización de un evento electoral, de forma impecable, sin la ayuda de un Consejo Nacional Electoral rector de procesos semejantes, y sin un Plan República que moviliza decenas de miles de militares para resguardar el orden público y garantizar la realización de dichos eventos.

Y aunque la respuesta del gobierno de Maduro ha sido una brutal represión, violando los Derechos Humanos de miles de manifestantes y asesinando a casi 100 venezolanos, fundamentalmente jóvenes que han expuesto sus vidas luchando por la libertad y un mejor futuro, todos los gobernantes del universo democrático, solicitan un seria y transparente negociación entre el gobierno y la oposición, que conduzca al restablecimiento de la Constitución Nacional, a un verdadero Estado de Derecho en el que impere la justicia y no la venganza política.

Juristas y analistas políticos coinciden en que la insistencia del gobierno en aprobar una Asamblea Constituyente inconsulta con el soberano, está dirigida a perpetuar en el poder a Maduro y sus más cercanos colaboradores en la imposición de una dictadura militar, intento que tendrá que enfrentar a todo un pueblo que tiene apoyo internacional y disposición a luchar hasta alcanzar la libertad para todos los venezolanos.

Los resultados de la consulta al pueblo tiene efectos contundentes, entre los que destacan: Maduro, su Alto Mando Militar, sus organismos represivos y sus paramilitares no podrán derrotar a cerca del 90% de los venezolanos que aspiran y están decididos a vivir en libertad; la solución de la crisis que atraviesa la sociedad venezolana, requiere de un entendimiento que garantice la independencia de los Poderes Públicos, la libertad de los presos políticos, el regreso de los exiliados, el establecimiento de un canal humanitario para mitigar el hambre de millones de ciudadanos, mientras se le da impulso a la economía nacional; el desarme de los paramilitares y lucha contra la inseguridad de las personas y los bienes; un cronograma electoral que permita realizar elecciones libres y transparentes en el menor tiempo posible.



En síntesis, los resultados de la consulta al soberano indican el camino para consolidar la democracia, mediante el rescate de la Constitución Nacional, la paz entre los venezolanos y el establecimiento una sociedad y un gobierno civilizado.

UNA JORNADA MEMORABLE

Luis Manuel Esculpi

Prohibieron a los medios emplear la frase de dos palabras: Consulta Soberana. Exigieron minimizar la cobertura del evento. Utilizaron sin el menor recato la censura previa. A última hora inventaron un simulacro el mismo día. Evidenciando -una vez más- el temor a contarse electoralmente. La iniciativa los desconcertó. Recurrieron desde las tradicionales amenazas y agresiones hasta los falsos llamados a dialogar.

Somos renuentes a calificar de histórico cualquier acontecimiento, aún valorando su importancia, pero esta vez no dudamos en señalar como tal la jornada del pasado domingo. Coincidiendo con quienes la han mencionado como una acción de desobediencia civil inédita en las luchas democráticas desarrolladas incluso a nivel mundial. 

Esa consulta realizada sin las máquinas de smarmatic, sin los lapsos establecidos para su convocatoria, sin la logística y el respaldo del CNE , sin campaña en los medios masivos de comunicación tradicionales y sin la presencia del plan República constituyó una verdadera gesta trascendental. 

Comparar sus resultados numéricos con otros procesos solo puede asumirse como referencia, no estábamos en presencia de un acto convencional donde competían por obtener determinados espacios de poder distintas opciones; la inmensa movilización de venezolanos en todo el país y en las más diversas ciudades del planeta, manifestaron su rechazo a la convocatoria fraudulenta del gobierno de una Asamblea Constituyente. 

Al evaluar el éxito de la jornada no debemos limitarnos a los muy importantes y significativos datos numéricos, tal como apuntó el ex rector Vicente Díaz que en 14.000 mesas casi alcanzamos la máxima votación obtenida en 45.000 mesas, contando con apoyos, recursos y el tiempo que no dispusimos el domingo. Logrando la hazaña de obtener la asombrosa cifra de 7.176.170 votos con el 95% de las actas escrutadas.

La gigantesca movilización, el entusiasmo, sentido de colaboración y solidaridad manifestado, la vocación democrática expresada y la voluntad de solventar la crisis política de manera constitucional y electoral son elementos de la evaluación política no cuantificables en términos numéricos. Allí se revela -en buena medida- el arraigo de la cultura democrática y destacan los mejores valores de los venezolanos. 

La nota que empañó ese acto histórico fue la criminal acción contra los votantes en Catia donde asesinaron a la señora Xiomara Scott, para colmos ese crimen fue perpetrado en presencia de efectivos de la Policía Nacional. Allí se reveló lo peor de la naturaleza humana (si así se le puede denominar) de elementos surgido y auspiciado bajo la sombra protectora del régimen. 

A pesar de los esfuerzos públicos del gobierno por disminuir la connotación y trascendencia de la consulta, a la par de presentar como un éxito rotundo el simulacro, constituye un contraste que no resiste la menor comparación. En la reflexión interna que se está debatiendo en el seno de la cúpula gobernante, sería recomendable efectuar una correcta lectura de los resultados cuantitativos y cualitativos de los resultados. El rechazo a la constituyente de Maduro es monumental, no se limita a la zona de influencia de la MUD, ni siquiera a los de toda la oposición; abarca importantes capas situada hasta hace poco en la égida del oficialismo.

Si el desconcierto, la desesperación y la posturas extremas no caracterizarán la actuación del gobierno, el lógico proceder de Maduro sería retirar esa convocatoria fraudulenta, contribuyendo así a disminuir el ambiente de crispación existente.

La Mesa de la Unidad por su parte tiene que asumir el mandato recibido con el mismo sentido de responsabilidad como ha tratado todas sus acciones fundamentales, con la reciedumbre y el sosiego que supone la conducción política en medio de la complejidad de los momentos críticos que nos ha correspondido vivir. Ese es el tamaño del compromiso, nuevamente la unidad está convocada a colocarse a la altura de esa exigencia que tampoco dudamos en calificar de histórica.

SUMAR Y MULTIPLICAR O RESTAR Y DIVIDIR

MARIO VILLEGAS


Si las encuestas de opinión no eran suficientes para que el presidente Nicolás Maduro y la cúpula oficialista entendieran que la mayoría del pueblo venezolano rechaza el zarpazo que nos quieren dar bajo el disfraz de constituyente, la multitudinaria y entusiasta movilización ciudadana del 16 de julio debería hacerlos abrir bien esos ojos para constatar lo que está a la vista y no necesita anteojos.

Para descalificar esa jornada democrática, engañar a su propia gente y a la comunidad internacional, el alto mando madurista, incluida la muy disciplinada presidenta del Consejo Nacional Electoral, ha pretendido rotularla como una consulta interna de los partidos de oposición, aparte de poner a circular la especie de que las cifras finales de participación fueron infladas por los organizadores.

Claro que la dirigencia y la militancia de los partidos que componen la Mesa de la Unidad Democrática fueron columna vertebral en la preparación del evento, pero la puesta en escena fue claramente ciudadana, no solo porque las organizaciones políticas renunciaron a teñirla con sus siglas y colores, sino porque la inmensa mayoría de quienes acudieron al llamado fueron venezolanos sin militancia política, muchedumbres de a pie esperanzadas en un cambio democrático en paz.

Siete millones 600 mil y tantos electores constituyen la más grande movilización humana realizada en Venezuela al margen de los procesos electorales formales.

Pero hagamos un ejercicio de exageración. Y supongamos, con el perdón de los ilustres compatriotas que sirvieron de garantes del proceso, que en efecto la cifra real haya podido ser perversamente inflada y que en vez de 7 millones 600 mil hubieran sido muchísimos menos. Quitémosle incluso la mitad. ¡Hay que ver lo que significan 3 millones 800 mil personas manifestándose pacíficamente en las calles de toda Venezuela!

Imposible ocultarlas. Con razón fracasaron la censura impuesta a los medios de comunicación y demás triquiñuelas dispuestas por el gobierno para esconder el abrumador rechazo nacional a su proyecto dizque constituyente.

Iniciativas democráticas de incuestionable carácter pacífico como esta del 16-J suman y multiplican voluntades. Atraen, enamoran, convocan, agregan, agigantan.

Algunas otras, de naturaleza anárquica y violenta, restan y dividen. No puede considerarse buena ninguna acción que atemorice, aleje, ahuyente, disperse, desencante.

La lucha por el cambio democrático requiere, para ser eficaz y eficiente, de una dirección política seria, unida, firme, responsable, capaz de conducir el proceso hacia la conquista del objetivo. Esa dirección define la estrategia y traza una ruta de acuerdo con las realidades y eventuales contingencias. Ese papel corresponde en este momento a la MUD, en cuyo seno confluye una pluralidad de partidos. Esa dirigencia está para dirigir y elevar sin sectarismos el caudal de fuerzas e individualidades que empujan el cambio.

El llamado dibujo libre, según el cual cada quién hace lo que le da la gana y cuando le venga en gana, incluyendo acciones violentas y aberrantes, podrá ser excitante para algunas mentes enfebrecidas y carentes de claridad política, pero lejos de favorecer una estrategia victoriosa lo que hace es entorpecerla y beneficiar al gobierno, oxigenarlo, alentarlo, unificarlo, prolongarlo.

Bien dice mi amigo Freddy Díaz: “Cuando en un barco hay dos capitanes, lo único seguro es el fondo del mar”.

A quienes justifican actos vandálicos y criminales bajo el argumento de que estamos enfrentando a un gobierno forajido les recuerdo que el pueblo chileno no necesitó convertirse en criminal para sacar del Palacio de La Moneda al sanguinario Augusto Pinochet. Y caben muchos otros ejemplos. ¿Si hacemos lo mismo que el malandraje oficialista cuál es entonces la diferencia entre ellos y nosotros? ¿Acaso hay malandros buenos y malandros malos?

Por lo demás, no siempre ese dibujo libre es tan libre como se quiere presentar. Hay ciertamente los espontáneos, pero muchas de esas presuntas espontaneidades no son tales sino obedecen a agendas paralelas, ocultas, que tienen organización y propósitos distintos al del cambio democrático en paz que anhela la abrumadora mayoría del pueblo venezolano. Esas agendas también llevan agua al molino oficialista, y no siempre ingenuamente.

La jornada cívica del 16-J fue una rotunda derrota para los violentos de todo pelaje, tanto para los del oficialismo como para los de una presunta oposición cuyas acciones anárquicas, divisionistas y distraccionistas, le arriman el mingo al gobierno.

PRESIÓN POR DENTRO Y POR FUERA LO HARÁ CAER

Gerónimo Figueroa Figuera

Después de la gran jornada cívica del domingo 16 de con mas de siete millones 500 mil votos expresados por los demócratas venezolanos, la lectura del acuerdo de gobernabilidad de la Mesa de la Unidad Democrática el miércoles 19 y el exitoso para cívico nacional por 24 horas del jueves 20, el mes de julio de 2017 se coloca como histórico en la historia republicana venezolana. Igualmente pudiéramos decir que con la solidaridad y respaldo de la Comunidad Internacional, la lucha contra la dictadura de Nicolás Maduro entra en una etapa decisiva para recuperar la institucionalidad y el estado de derecho en nuestro país.

Sin embargo, eso no significa que ya Nicolás está caído y que mañana mismo se va para Rusia como lo dicen algunos mensajes anónimos en las redes sociales, porque no es verdad. Es una etapa decisiva donde las fuerzas democráticas representadas por la MUD y todos los sectores políticos, económicos y sociales que la integran, tendremos que resistir las arremetidas del régimen de Nicolás Maduro, que sin ninguna duda utilizará todas las herramientas que tiene a su alcance para reprimir y seguir metiendo presos con el propósito de generar miedo con lo que cree que puede sobrevivir.

El régimen también va a utilizar los laboratorios de guerra sucia con mensajes anónimos que echarán a rodar por las redes sociales desprestigiando a nuestros dirigentes de la Unidad Democrática, diciendo que están pactando a escondidas con el gobierno para salvar intereses personales o para defender “grandes” contratos con PDVSA y otras empresas del estado. En este sentido, es necesario acoger los lineamientos que emita la dirigencia de la Mesa de la Unidad Democrática, como nuestro único representante con respaldo de la mayoría del pueblo para enfrentar a la tiranía de Nicolás Maduro.

En ese sentido es importante que en estos momentos de crisis y de inestabilidad política, tengamos claro el régimen de Nicolás y sus aliados nacionales e internacionales, aunque son muy pocos, tienen mucho poder para hacer ruido a nivel de los medios de comunicación tradicionales y en las redes sociales. Igualmente no podemos olvidar que a través Conatel ejerce control el control del espectro radioeléctrico para chantajear a los medios audiovisuales con la retención de los permisos de funcionamiento. Igualmente todavía maneja mucho dinero en moneda venezolana, no en dólares, con los cuales también chantajea a nuestra gente mas vulnerable económicamente.

En ese sentido, como recomendación estimados lectores, no como una imposición de nuestra parte, es importante que no le demos reenviar a los mensajes producidos por los laboratorios de guerra sucia donde se hagan descalificaciones y generen dudas sobre el comportamiento de nuestra dirigencia, que, aunque no es perfecta por ser humana, es la que con errores y sin ellos, con nuestro respaldo en estos 19 años siempre han dado la cara para enfrentar la tiranía de Nicolás y su pandilla de asaltantes y asesinos. Eso es muy importante que lo tengamos en cuenta cuando recibamos un mensaje con esas características. 

En ese sentido con mucha fuerza y con mucha fe, pero especialmente con mucha UNIDAD NACIONAL, lograremos vencer y recuperar la democracia y la libertad en nuestro país. Y con nuestros capitanes de la MUD al frente del timón del barco que se llama Venezuela llegaremos a Puerto Seguro. Si hemos resistido estos 19 años que no han sido fáciles, en estos momentos con valentía y fe, podemos resistir unos días o meses mas para completar la tarea que en nueva etapa comenzó el 1 de abril de 2017. Nuestra familia y nuestra Venezuela nos necesita UNIDOS. Y Como dijo ese gran presidente venezolano: “MANOS A LA OBRA”.

TÁCTICA SIN ULTIMÁTUM

Luis Martínez

Venezuela se encuentra en su momento de mayor incertidumbre. La irracionalidad desprovista de cultura ideológica y mucha corrupción, invade al oficialismo al extremo de agitar vientos de guerra. Y si en algo ellos han sido consecuentes, es en pretender perpetuarse en el poder aunque sea sustentado con violencia y represión. Para ello han utilizado todas las herramientas inconstitucionales y antidemocráticas tenidas a su alcance. Solo les importa el poder sin importar el grave daño infringido al pueblo venezolano que incluso, se puede contabilizar en pérdida de vidas humanas producto, no solo de la violencia represiva del gobierno, sino también de la irresponsabilidad, al abandonar y no asumir políticas públicas que pudieran evitar la inhumana falta de alimentos y medicinas que hacen estragos en la mayoría de las familias venezolanas.

La tapa del frasco puesta a la crisis la pone el gobierno con la imposición de una constituyente que busca zafarse una constitución que ahora le resulta incómoda para mantener el poder. Dividieron la institucionalidad del estado venezolano y, sostenido por una cúpula corrompida de la FANB, desestabilizan el equilibrio de poder que sostiene al estado democrático con el objeto de proclamar un nuevo estado a su imagen y semejanza. La paciencia de los venezolanos se colma de impotencia, rabia y desesperanza. Acumula tanta fuerza que puede desatarse sin control y eso no le conviene a nadie, pero a quien menos le conviene es al gobierno, por eso deberían ser los primeros interesados en buscar salidas pacíficas y negociadas.

Todos estos meses de lucha de calle y acciones institucionales de los sectores democráticos ha producido resquebrajamiento en el gobierno y ha dejado fisuras que en cualquier momento pueden ocasionar importantes quiebres que lleven la crisis a un desenlace definitivo. La definición del problema político no puede estar supeditada al antes o después de la instalación o no de una constituyente. Esa definición involucra muchas variables que juntas pueden producir un resultado que beneficie a los sectores democráticos, pero no necesariamente está vinculada a un tiempo determinado. Por ello no es conveniente colocar fecha a un desenlace sobre el cual no se tiene control alguno. Sabemos que la acumulación de fuerzas favorables al cambio en el pueblo es contundente y mayoritaria, pero no suficiente para inferir con un ultimátum un desenlace definitivo. Hay que administrar con mucha táctica cada éxito que la oposición logre. Un buen inicio ha sido la consulta popular y soberana que civilmente el pueblo venezolano respaldo masivamente el domingo 16 de este mismo mes. Sin duda, esa consulta desestabilizo y desmoralizo al gobierno al extremo de abrir más fisuras a su interior.

La acumulación de fuerzas favorables a la oposición venezolana se ha dado fundamentalmente porque la lucha ha sido pacífica, democrática y constitucional, siempre teniendo como imprescindible, la consulta electoral de todo el pueblo soberano. Y esas premisas son precisamente las que el gobierno se empeña en excluir, en desechar, pues antes le servía cuando tenían seguridad de ganar, ahora le resultan incomodas ante la evidencia de lo que se presagia como sucesivas derrotas que lo llevarían a la pérdida del poder. Táctica sin ultimátum.

UN ACUERDO DE CONVIVENCIA

Leonardo Montilla

El pueblo de Venezuela ratificó el pasado domingo 16 de julio su absoluta naturaleza democrática, la cual quedó demostrada con el contundente y masivo rechazo, que sin miedo alguno, le hicimos al régimen monárquico de Maduro, quien ha pretendido como herencia de su mentor, imponer un sistema de vida donde los derechos ciudadanos, las oportunidades y la calidad de vida no existan. Venezuela en todo su esplendor brilló el domingo pasado en una protagónica jornada que expresa el deseo mayoritario y popular de salir de esta dantesca crisis en paz, constitucionalmente y electoralmente.

Es así como la lectura de los hechos hasta ahora acontecidos y que son parte de un proceso de lucha social y política que ya nos lleva 18 años en el calendario, deben interpretarse como corresponde, como parte de la acumulación de las insatisfacciones de la sociedad venezolana contra quienes han conducido la patria a su peor momento como república. Es decir este gobierno que es continuidad de Hugo Chávez debe salir por la decisión soberana de todo un pueblo que los rechaza; que está además convencido que todos nuestros males son producto de la corrupción, el despilfarro, los negocios, el egoísmo y la condición fascista, autocrática y abusiva de quienes en nombre de lo que pretensiosamente llaman “revolución” han dejado como gestión pública.A la crisis de hambre y escasez se le une la crisis de constitucionalidad producto de la mala intensión de atornillarse en el poder de una cúpula militar cívica que nada tiene que aportar al país y su futuro. Esta élite gubernamental se aferra a su propuesta de la fraudulenta constituyente; sin entender que el país jamás podrá tener gobernabilidad en ese contexto, sólo el desespero de sentirse sin apoyo popular, además de los vivos que están detrás de los jugosos negocios y las amoldables bayonetas les atienden esa descabellada idea. El barco se les hunde y muchos ya huyen. El paro cívico de hoy, el nombramiento de los nuevos magistrados, la conducta de la Fiscal apegada al texto constitucional son hechos demasiados imponentes ante un gobierno moribundo y solitario.


Ahora bien en este punto de quiebre en que nos encontramos, la Asamblea Nacional, poder legislativo altamente legitimado por el voto popular, la Mesa de la Unidad Democrática como espacio de unidad política-estratégica al igual que los demás factores y líderes populares, están conduciendo los procedimientos de acuerdo a lo que la realidad y la dinámica política exige; tomando en consideración el enorme apoyo popular a la idea central que no es otra que la salida de este nefasto gobierno por vías pacíficas, constitucionales y electorales. Sin abandonar la presión de calle, la cual es protagonizada fundamentalmente por la heroica juventud venezolana, actuando a plenitud en todos los escenarios que podamos, se impone la unidad mayor, la unidad en lo afectivo, la unidad en todas las actuaciones, esa unidad que nos coloca inclusive al lado de lo que han denominado el chavismo disidente, una unidad completa, donde la visión de un país libre y el rescate de la Constitución sea el foco del día a día.

Es en ese sentido que nada nos está negado, los pueblos y sus líderes buscan caminos, los acuerdos, las conversaciones y negociaciones en el buen sentido de la palabra no son pecados en situaciones de violencia y quiebre social. La ciencia política nos señala la rigurosidad científica de los escenarios que buscan dar respuesta a las necesidades de los pueblos; en este momento la necesidad de Venezuela es salir con urgencia del peor gobierno y del peor presidente que recuerde la historia republicana. Un gran resultado de esta gesta historia que protagoniza el pueblo venezolano será el cambio de gobierno, la realización de elecciones libres, el rescate y la vigencia de la Constitución de 1999 y un gran acuerdo de convivencia, sin impunidad y con profunda justicia social.

TENEMOS UN GOBIERNO LADRÓN DE SUEÑOS, FUTURO Y ESPERANZA

Cristian Silva.

Diego, mi sobrino, acaba de cumplir cinco años. Su mamá, una profesora con dos empleos, tiene un dilema: ¿Qué hago, celebro esta fecha tan importante para mi hijo, o me arriesgo a no poder comprar sus alimentos ni pagarle la mensualidad de la escuela?

Al final triunfa la lógica natural. No hay celebración. A consecuencia de la inflación y aumentos salariales decretados por el Presidente, hacer una pequeña celebración familiar o una torta con los precios de los huevos, azúcar, harina; costo de los platos, tenedores, cucharillas plásticas, gelatina, -sin incluir caramelos, piñata, refrescos ni cotillón-, cuesta toda una fortuna.

De esta forma se le roba la ilusión y bellos recuerdos infantiles a otro ciudadano venezolano, mientras a Nicolás Maduro, lo que menos le interesa e importa son estas celebraciones del pueblo y la familia venezolana; está ocupado en funciones de Estado más importantes: la Asamblea NacionalConstituyente.

¿Y una constituyente para qué? ¿Con ella la mamá de Diego podrá celebrar el cumpleaños; encontrar y comprar sin zozobra ni angustia los alimentos para su familia; conseguirá las medicinas para su abuela hipertensa; podrá comprar útiles escolares y ropas para ella y sus muchachos? ¿Para qué Constituyente, si con cumplir la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela es suficiente para intentar resolver los problemas nacionales?

Lo más seguro y lo que todo el mundo presume -con el debido respeto- es que los “conchupantes” parasitarios, comunistas y ladrones de nuestro patrimonio nacional, quieren eternizarse en el poder y seguir atropellando los demás Poderes Públicos como la Asamblea Nacional y sus honorables Diputados, electos abrumadoramente por el pueblo; y continuar “nombrando Gobernadores de estados a dedo”, tal como hiciera otro dictador paleolítico, Juan Vicente Gómez.

Por eso quieren la Constituyente y andan desesperados, por no admitir ni respetar la pluralidad ideológica ni la alternabilidad democrática, eje fundamental de la convivencia y la cultura política venezolana… ¡Aquí no nos calamos dictadores, Nicolás! Somos un pueblo amante de la libertad, la paz, el progreso; pero tambien somos contestatarios, caribeños; con un ímpetu salvaje y agresivo cuando alguien nos quiere seducir e imponer un sistema opresor, comunista, cubano, chino o como usted lo quiera llamar.

En Unidad Visión Venezuela no abandonaremos la calle hasta encontrar la libertad y restituir la Constitución y la democracia en Venezuela. La Constituyente, tal como nos la presenta el gobierno está llena de misterios y vicios. Claro, viola todo principio legal establecido. Su fin no es resolver ningún problema a ningún venezolano; su objetivo es darle rango constitucional a la miseria socialista, abusos, y al hambre imperante en el país.


¿Usted ha visto o escuchado a alguien del gobierno hablando de planes serios, reales, efectivos y eficientes para resolver la crisis que ellos mismos han creado para poder dominar mejor la población? Por supuesto que no, nadie ha oído nada, porque sencillamente, eso no está en sus planes.

Pero ahora hablan de una “chamba juvenil”. ¿Cuál chamba? ¿Cuáles son las empresas formadas para darle solidez a esos supuestos nuevos empleos para la juventud? ¡Otra mentira más! Dios permita ver a nuestros jóvenes que solo los utilizan como instrumentos “defensores” de un régimen perverso y criminal, ladrón de sus sueños, su futuro y su esperanza... Este domingo 16 de julio es tu oportunidad... Actívate y dile "SI, SI y SI" a Venezuela.

Venezuela: el bosque avanza

La oposición asesta un golpe decisivo que precipitará la disolución del régimen


IBSEN MARTÍNEZ

El domingo pasado fuimos a votar por el sí en el centro electoral de la calle 125B, al norte de Bogotá. La multitud que se congregó allí, al igual que la que votó en la Plaza de Bolívar, dejó ver cuán grande es la comunidad venezolana opositora residente en Colombia.

Aunque la consulta no pudo realizarse en Medellín y Barranquilla (populosas ciudades donde es también muy notoria la presencia de emigrantes venezolanos), y se redujo a la capital colombiana y a Chía, un municipio de la Sabana de Bogotá, la participación habló inequívocamente del enorme predicamento del que goza hoy la MUD entre el electorado venezolano, dentro y fuera del país.

Según cifras del Movimiento Libertador, la agrupación opositora que, exitosamente y en poco más de 15 días, organizó aquí el referéndum, alrededor de 30.000 venezolanos expresaron su rechazo a la fraudulenta elección de una Asamblea Constituyente convocada por Maduro para el 30 de julio. En las pasadas presidenciales venezolanas tan solo 3.000 ciudadanos venezolanos votaron en Bogotá.

Todos los que votaron esta vez lo hicieron atendiendo exclusivamente a llamados difundidos por las redes sociales. Así ocurrió también en toda Venezuela y en más de cien lugares del mundo donde viven venezolanos que optaron por emigrar.

Muchos observadores de la escena venezolana habían señalado unánimemente que la consulta, desconocedora del obsecuente colegio electoral venezolano, sería por ello no vinculante para Nicolás Maduro.

Esto pudo ser cierto, pero solo en la medida en que ningún resultado electoral adverso ha sido jamás vinculante para el trapacero régimen chavista. Pensaban los analistas, con razón, que no sería la primera vez que el chavismo desconociese un mandato electoral para seguir con vida.

Ahora, sin embargo, se advierte el enorme significado político que entrañan los resultados de la consulta del 16 de julio.

En una columna anterior señalábamos que entre las mejores virtudes de la convocatoria opositora estaba la de haberle roto sorpresivamente el servicio a Nicolás Maduro, luego de cien días de protestas pacíficas y casi otras tantas víctimas fatales de la violencia desatada por el sanguinario aspirante a dictador.

En efecto, así ha resultado, y hoy el desconcierto cunde en la cleptócrata oligarquía chavista. La oposición ha asestado un golpe decisivo que, sin lugar a dudas, precipitará en el futuro inmediato la disolución del régimen de Maduro.

Quizá la historia contemporánea del continente esté discurriendo demasiado rápidamente como para tomar nota de que el régimen dictatorial que propició Hugo Chávez va a ser derrotado por la creatividad política demostrada por los líderes demócratas, apoyada vivamente por la gran mayoría de los venezolanos, y no por la fuerza de las armas.

Resulta irónico que sea precisamente un referéndum, la provisión constitucional impuesta por Hugo Chávez como arma absoluta de la “democracia directa”, lo que haya nutrido la inteligentísima estrategia opositora venezolana: darle una precisa forma electoral y pacífica al derecho a la rebelión consagrado en el artículo 350 de la misma Constitución refrendaria que Chávez se hizo aprobar un día antes de comenzar a violarla.

Los resultados de la consulta, “no vinculantes” para Maduro, sí lo han sido para el resto del mundo. Ellos testimonian que la MUD no solo representa y dirige a la masa opositora, sino que tiene la musculatura organizativa capaz de derrotar la intimidación y la violencia, y conducir el rechazo a la Constituyente dictatorial.

Después del 16 de julio, el derecho a la rebelión ha cobrado forma electoral. Convocar a una huelga general que preludie el exilio de Maduro y un Gobierno de unidad nacional que convoque a elecciones generales no luce hoy en absoluto descabellado.

Tomado del diario El País de España

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