Nº 338

UNIDAD NACIONAL PARA DERROTAR LA DICTADURA

La reiterada negativa del gobierno de Nicolás Maduro de facilitar un acuerdo satisfactorio que permita a la ciudadanía expresarse libremente mediante el voto, así como la decisión de adelantar para abril los comicios presidenciales terminó por dinamitar las conversaciones sostenidas por el oficialismo y la oposición democrática en República Dominicana, donde se discutían también otros asuntos relacionados con la grave crisis económica y social padecida por la mayoría inmensa de la sociedad.

La intransigencia del régimen, de una irresponsabilidad sin precedentes, busca imponer a todo evento sus objetivos continuistas. Obcecación de consecuencias negativas para la nación porque ello significa prolongar el autoritarismo, la pobreza, el hambre y la inseguridad.

Con la decisión política de realizar un proceso electoral reñido con la legalidad vigente y sin las condiciones mínimas para que el mismo sea libre, justo y competitivo, el oficialismo conculca el derecho al voto burlándose cínicamente del pueblo y da una vuelta de tuerca que aspira irreversible para atornillar su proyecto dictatorial inspirado en el castro comunismo.

Las posibilidades de vencer al régimen requieren de la confluencia de todas las fuerzas políticas, sociales e individualidades opuestas a la camarilla gobernante que en conjunto con la creciente presión internacional logre abrir un camino al cambio.

Los avances de las fuerzas democráticas en esta prolongada lucha contra el oficialismo siempre han tenido como componente fundamental la unidad de las fuerzas opositoras. Los hitos más importantes han sido el Referéndum Constitucional del 2007 y las elecciones parlamentarias del 2010 y del 2015. A pesar del gran adelanto que ha constituido la convergencia de los partidos políticos en la Mesa de la Unidad Democrática, ésta se ha visto lamentablemente limitada por la superposición de intereses y visiones que a nuestro entender demuestran una incomprensión de las características de un régimen dispuesto a mantener el poder a toda costa.

En la actual coyuntura en la cual Venezuela corre el riesgo de prolongar por otros seis años este nefasto gobierno urge reconstruir la unidad y superar las carencias y diferencias internas para convertirse en factor aglutinante y portavoz de las mayoritarias demandas de cambio. El país exige y necesita de una real, efectiva y cohesionada dirección política para resistir con éxito el plan oficialista de consolidar la dictadura.

La misión de las fuerzas de cambio no termina con la salida del poder de quienes hoy nos gobiernan, incluye la trascendente tarea de encarar y superar la emergencia humanitaria, reinstaurar el imperio de la Constitución, reconstruir el país y sentar las bases para edificar una Venezuela libre, próspera, incluyente y segura.

El cumplimiento de semejante misión requiere de la conformación de un amplio frente de unidad nacional con un proyecto estratégico compartido. La MUD puede y debe ser el convocante de tal esfuerzo.

La Fundación Espacio Abierto se suma a los esfuerzos por construir esa unidad nacional. Los partidos democráticos y la sociedad civil organizada deben asumir su responsabilidad en ésta hora crucial para los destinos de la patria.



La Junta Directiva de la Fundación Espacio Abierto

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sábado, 17 de febrero de 2018

EDITORIAL

 
Juan Páez Ávila


La capacidad de maniobra del gobierno de Nicolás Maduro sufre un desgaste casi total, porque no sólo ha perdido la credibilidad al llamar al regreso a la Mesa del Diálogo, después de violar la Constitución Nacional y los acuerdos previos, convocando a elecciones presidenciales el 22 de abril, sino también, contrario a todo entendimiento, su accionar político se reduce al uso de la represión, a la amenaza a sus adversarios y al delirante y fantasioso recurso del supuesto peligro de una invasión por parte de una potencia extranjera.

Cualquiera sea la decisión de la MUD de participar o no en esas elecciones, incluso cualquiera sea el resultado de las mismas, aunque las encuestas indican que la oposición obtendrá la mayoría, los representantes del gobierno de Nicolás Maduro repiten un monólogo orquestado, acerca de un avance de más del 90% de un supuesto diálogo, que la Mesa de la Unidad Democrática desconoce y rechaza por mentiroso

En artículo anterior destacamos que la oposición dirigida por la Mesa de la Unidad (MUD) y la oposición en general han alcanzado un mayor respaldo de la sociedad civil, cada día que avanza en su propósito de obligarlo a cumplir los acuerdos aprobados en la primera reunión del diálogo, hace más de un año, de libración de los presos políticos, el reconocimiento a las facultades constitucionales de la Asamblea Nacional, la apertura de un canal humanitario internacional para ayudar a millones de hambrientos que padecen los rigores del desempleo, el alto costo de la vida, el hambre y la escasez de medicinas.

El coraje, la valentía, con que las nuevas generaciones de jóvenes demócratas, y de veteranos de muchas batallas políticas y sociales que han hecho historia patria, en los últimos combates por la libertad y el progreso del país, lo han acorralado de tal forma, que al gobierno de Maduro le quedan pocas posibilidades de escapar de una segura y definitiva derrota constitucional y pacífica, en esta elección, siempre que se realicen de una manera transparente y con veeduría internacional.

El cerco institucional que el mundo democrático, a través de Mercosur, que lo expulsó del grupo, la Organización de Estados Americanos, que no le ha aplicado la Carta Democrática Interamericana, porque todavía recibe respaldo de algunos pequeños países del Caribe a los que le regala nuestro petróleo, la ONU y la Unión Europea, que le ha aplicado sanciones al gobierno de Maduro, ha sido y es un puntal de apoyo a las fuerzas internas que luchan por impedir su perpetuación en el poder, tanto del Presidente de la República como de la camarilla incapaz y corrupta que le rodea.

Las respuestas a las encuestas de hombres y mujeres conscientes del rol histórico que les toca realizar, ya es una clara demostración del convencimiento de la mayoría de los venezolanos de pensamiento democrático, de que ya no es posible callar, ni retroceder en el empeño de impulsar y consolidar un cambio progresista, unitario y sin retaliación alguna por razones políticas, y en el que impere la justicia administrada por jueces honestos e independientes.

La presión internacional por una solución democrática y pacífica, debe contribuir en términos sustantivos a ponerle punto final a 18 años gobierno castro madurista, que por incapacidad, dogmatismo estalinista y corrupción administrativa, convirtieron al país de las mayores reservas petroleras del mundo, en una nación de pobres: 83% según la última encuesta de las Universidades Central de Venezuela, Simón Bolívar y Católica Andrés Bello, dirigida por una cúpula milmillonaria, enriquecida ilícitamente. 

UNA DECLARACIÓN BIEN POCO DIPLOMÁTICA

Luis Manuel Esculpi

En medio de esta vorágine de sucesos que se solapan, se superponen unos acontecimientos tapan otros. A través de las redes sociales, tuiter Instagram, Facebook, watsApp entre otras, circula todo tipo de información; muchas veces no ajustadas a la verdad.Los seguidores tenemos que invertir tiempo en “separar la paja del grano”, lo real de la ficción. Los hechos de la invención.

La censura y la autocensura de los grandes medios de comunicación social favorecen el desconcierto y la confusión. Estar informado en la Venezuela actual exige emplear al máximo la capacidad de discernir. Afortunadamente algunos periodistas han creado grupos que trasmiten información verificada, contribuyendo a disipar la incertidumbre que el voluminoso volumen de rumores y noticias que recibimos genera en la opinion pública.

Sí el régimen tiene coherencia en algo es precisamente en su política comunicacional, no orientada a trasmitir “información veraz”, sino al despliegue de una permanente campaña propagandística, para la que emplean todos los recursos a su alcance sin el menor recato, desde el uso de laboratorios para la guerra sucia; hasta el abusivo empleo del denominado Sistema Nacional de Medios Públicos es el principal ejecutor de esa política, para los voceros del régimen la mentira forma parte sustancial del contenido de su discurso.

La suspensión de las conversaciones recientes en República Dominicana demostró cuan falsa eran las declaraciones de la representación del gobierno, en las ruedas de prensa expresaban insistentemente que se estaba a punto de alcanzar un acuerdo. A pesar que el curso de la negociación apuntaba en una dirección contraria, tal como posteriormente quedaría evidenciado.

En medio de la inmensa difusión de noticias suele ocurrir que declaraciones insólitas, poco diplomáticas y destempladas que se suceden con demasiada frecuencia por parte de los capitostes del régimen y sus adlateres pasan desapercibidas, pese a la gravedad de sus contenidos.

Mientras los gobiernos de Colombia y Brasil están adoptando medidas preventivas dado la preocupación por el éxodo masivo de venezolanos hacia sus respectivos países, uno de los pocos diplomáticos del régimen, de esos funcionarios que mutaron inexplicablemente del mundo democristiano a las filas del mal llamado ” socialismo del siglo XXI “, quien formó parte de la representación gubernamental en las suspendidas negociaciones: Roy Chaderton, tal vez contagiado por la tónica de la retórica de su jefe de delegación, en un programa de televisión mientras criticaba la política de Colombia con Venezuela, insinuó la posibilidad de una confrontación bélica con el país vecino, donde él fue embajador a principios del gobierno de Chávez.

En esa comparecencia empleando el lenguaje y la fraseología gastada que ahora asume, afirmó de manera irresponsable: ” De pronto se nos ocurre mirar hacia el sur-occidente, hacemos la fantasía de una salida venezolana hacia el pacífico “. Esa entre otras bravuconadas, constituye una barbaridad proviniendo de un personaje que figura entre los más conspicuas figuras con trayectoria verdaderamente diplomáticas de la camarilla gobernante.

Quienes desatendieron olímpicamente la reclamación venezolana sobre el Esequibo, que nos planteaba entre otras exigencias, asegurar el objetivo estratégico para el país de garantizar la salida por el Océano Atlántico, hoy se permiten fantasear de manera irresponsable y provocadora, mientras no fueron capaces durante todo el tiempo que tienen en el poder atender debidamente las acciones derivadas de una reclamación histórica. Elucubración y desplantes de funcionarios que pretenden evadir la realidad, ante el rechazo de la comunidad internacional a sus absurdas pretensiones de conservar el poder, violando la Constitución, las leyes y normas más elementales de la convivencia democrática.

¿UNIR POLITICAS CONTRAPUESTAS?

Simón García


La tardanza de la MUD en decidir puede obedecer a elevar la presión por el cambio de las condiciones electorales o a la inexistencia de consenso. El punto de participar o no en el proceso electoral, lejos de ser un falso dilema, es nuevamente una piedra de tranca. Tan decisiva que nubla la oportunidad de formular una política alternativa y unitaria frente a un régimen que sigue destruyendo libertades y generando hambre. 

Uno de los puntos para resolver ese dilema debería ser las experiencias de la abstención absoluta de la oposición el 2005 o las parciales del 2017. Ninguna impidió el avance del régimen ni evitó que los órganos electos en condiciones de ilegalidad, alcanzaran una legitimidad de hecho. 

En la otra banda, existe un caso de participación unitaria el 2015, con objetivos claros y una eficiente defensa del voto que logró asegurar una contundente mayoría electoral, aunque posteriormente el autoritarismo anulara inconstitucionalmente a la Asamblea Nacional. Ahora, tratándose de una elección presidencial, el ventajismo será mayor y el comportamiento oficialista más rudo; pero el rechazo al gobierno y las condiciones de sobrevivencia impuestas a la población son también más propicias para alentar un sunami electoral que quiebre al fraude o resalte sus tramposerías. 

La decisión es de primera importancia. Sea cual sea la que se adopte, debería salvaguardarse la participación de unos y otros en la conformación de una estrategia unitaria de mediano plazo para hacer más eficaces las tácticas de debilitamiento, desplazamiento y derrota del régimen. La oposición, en sus variadas gamas, debe dejar de atacarse a si misma para concentrarse en el combate a los responsables de la descomposición y la ruina del país. 

La unidad es imposible con políticas contrapuestas, pero se debería mantener un mínimo de puntos comunes. Esperamos que desde una u otra posición se eleve la defensa de la gente desde sus problemas concretos, se le abra cauces nuevos a la protesta contra las políticas de Maduro, se avance en las alianzas sociales, se tenga un discurso para atraer al chavismo no madurista y se defienda activamente las exigencias de restablecimiento de la Constitución hechas por la comunidad internacional. 

La solidaridad internacional hace lo suyo desde afuera. A nosotros nos corresponde asumir internamente la lucha por la vigencia de la constitución y el empeño por resolver la crisis de gobernabilidad con votos y no mediante un golpe de Estado o una invasión que le arrebate a las fuerzas civiles el deber y el derecho a conducir la reconstrucción del país. El ya debilitado soporte de los partidos terminaría por ser anulado y las calamidades sociales agravadas al extremo, si nos subordinamos a una confrontación armada. 

El gobierno no quiere que la oposición participe en este proceso y su trampa invisible es crear todas las condiciones para quedarse sin una competencia no sólo que mida su rechazo, sino que incluso, pueda derrotarla. Luce evidente que la abstención, aún con intenciones en contrario de sus promotores, será usada para difundir desesperanza y división.

EL CHAVISMO Y LA DIÁSPORA

Gonzalo González

“Que no regresen los venezolanos 
que se fueron….. 
son unos frustrados 
de las guarimbas”. 

Iris Varela

La diáspora venezolana en progreso es una de las consecuencias más claras y contundentes de la Tormenta Perfecta que asola al país, y evidencia clara y contundente del fracaso de la gestión gubernamental de quienes gobiernan desde 1999.

Es una dolorosa sangría de compatriotas, motivo de sufrimiento para innumerables grupos familiares, síntoma irrefutable de la descapitalización humana de la sociedad. Es un acontecimiento inédito en nuestra historia, hemos pasado de ser territorio de acogida a productor de emigrantes y refugiados.

La emigración como fenómeno social empezó a dar sus primeros pasos con Hugo Chávez gobernante, ya en aquellos tiempos muchos empezaron a tener la convicción de que las cosas iban a empeorar en tal magnitud que emigrar era una alternativa de vida.

Con Maduro en Miraflores la emigración terminó de convertirse en masiva y transversal socialmente. Se han ido los pudientes, se continúa marchando la clase media y los pobres empiezan a hacerlo. 

El régimen reacciona ante ésta situación de dos maneras: en primera instancia niega su ocurrencia, pero como la realidad se impone pasa a desacreditar moralmente a los que parten, los acusa de apátridas, escuálidos, guarimberos y peseteros. Lo de calumniar a disidentes y migrantes es una práctica común en los sistemas totalitarios.

Estamos en presencia, de nuevo, de la aplicación del modelo castro- comunista de gobernar. Los Castro en los comienzos de su largo reinado estimularon la emigración masiva de los sectores pudientes y la clase media en una suerte de limpieza social y política para asentar su dominio de la sociedad cubana. Y, en situaciones particularmente críticas y recurrentes en el campo económico han alentado y permitido la emigración con el objetivo de evitar y reducir las tensiones sociales 

Algunos sostienen que el oficialismo se comporta de esta forma ante la diáspora “por padecer de Miopía Selectiva”. Existen demasiadas evidencias de que los tiros no van por allí.

El Gobierno estima funcional a su objetivo central de perpetuarse en el poder que muchos venezolanos decidan irse. No les importa el drama social y familiar que ello supone, ni la descapitalización humana resultante. Sabe y sabe bien que si los sectores más preparados, cultos e instruidos amén de los jóvenes se van y se quedan los sectores más débiles y necesitados de la sociedad establecer su sistema de dominación – apalancado en el control total del Estado, la represión y el chantaje social: cajas CLAP Y Carnet de la Patria - resultará más sencillo y posible. A estas alturas es conveniente recordar lo que dijeron en su momento Giordani y Héctor Rodríguez sobre la inconveniencia para el régimen de la movilidad social ascendente.

No estamos sólo en presencia de la incompetencia y desidia proverbial del oficialismo sino ante algo más grave: la decisión de estimular la emigración masiva basada en el cálculo de que políticamente les favorece. La experiencia internacional demuestra que es más fácil dominar a una sociedad precarizada y dependiente hasta para alimentarse de los favores del Estado.

Finalmente una digresión, que realmente no es tal porque está íntimamente vinculada a la superación de la situación tema del artículo: hacemos votos al igual que muchos para que las fuerzas democráticas entiendan la necesidad de reconstruir la unidad opositora como preludio a la convocatoria de un frente de unidad nacional para derrotar la dictadura.

LA DOCTRINA TILLERSON PARA LATINOAMÉRICA

Gerónimo Figueroa Figuera


El Secretario de Estado, de Estados Unidos, Rex Tillerson, declaró en una Universidad al sur de California antes de iniciar una gira por cinco países latinoamericanos, que su país había descuidado el sur del continente en la última década, oportunidad que aprovecharon los gobiernos de Rusia y China para penetrar la región. Sin embargo, Tillerson en ese mismo momento afirmó que el presidente Donald Trump estaba dispuesto a corregir esa situación para frenar esas injerencias. Este planteamiento es lo que algunos analistas internacionales han bautizado como la doctrina Tillerson o doctrina Trump para ser aplicada a los regímenes autoritarios de América Latina.

En esa reunión de Rex Tillerson en la universidad californiana también pidió públicamente a los militares venezolanos derrocar al gobierno de Nicolás Maduro. Este pedimento es algo inusual de un gobierno hacia otro gobierno de forma pública. En el transcurrir del tiempo siempre habido conspiraciones de un gobierno hacia otro, pero ha sido con mucha prudencia como lo hicieron los gobiernos estadounidenses en el siglo pasado cuando alentaban y apoyaban los gobiernos militares en el cono sur y Centro América, a través de las embajadas. En esta oportunidad Rex Tillerson se fue por la calle del medio y ningún otro gobierno de la región, con excepción de Bolivia, protestó esas palabras. 

En ese sentido debemos recordar que el gabinete en la Casa Blanca está integrado mayoritariamente, con algunas excepciones, por hombres millonarios y generales en retiro del ejército estadounidense, todos calificados como halcones puros. Para dar dos ejemplos recordamos que Rex Tillerson cuando fue llamado por Trump para integrarlo al gabinete como Secretario de Estado, era presidente de la Exxon Móvil, una de las dos compañías petroleras mas importantes de EEUU, que en ese momento hacia exploraciones petroleras en la zona en reclamación del Esequibo autorizado por el gobierno de Guyana sin consentimiento de Venezuela, y que el régimen de Maduro en ese momento se hizo el loco. 

Igualmente, no podemos olvidar que el general de cuatro estrellas, John Kelly, en el gobierno de Barack Obama, era jefe del Comando Sur de los Estados Unidos, en una oportunidad dijo públicamente que estaba en capacidad de resolver el problema humanitario venezolano en seis horas. Hoy John Kelly ejerce como jefe de gabinete del gobierno de Trump. Tampoco podemos olvidar que cuando Trump dijo que no descartaba la opción militar en Venezuela, fue producto de una reunión con Rex Tillerson y el general John Kelly, de donde fue excluido el tercer hombre del Departamento de Estado, de EEUU, Thomas Shannon. 

Cuando Rex Tillerson anunció su gira por México, Argentina, Perú, Colombia y Jamaica, inmediatamente se produjo la renuncia de Thomas Shannon como secretario para los asuntos políticos del Departamento de Estado, considerado como el hombre fuerte en materia diplomática. Shannon tenia 35 años de servicios en diferentes embajadas de EEUU en el mundo, y su renuncia es algo inusual ya que por ser funcionarios de carrera, siempre salen jubilados, como son las aspiraciones de todos los funcionarios del estado, estadounidense, por muy humilde que sea el cargo. Sin embargo, solo Shannon sabe porque renuncio a una jubilación que muchos gringos quisieran. 

A las palabras de Rex Tillerson hay que sumar las del senador cubano-estadounidense, Marcos Rubio, quien es presidente de la Comisión de política exterior del senado gringo, cuando dijo que: “El mundo apoyará una rebelión militar que restaure la democracia en Venezuela” y las de la jefa de prensa de la Casa Blanca, Helen Aguirre, al decir sin que nadie le preguntara, que EEUU no descartaba la intervención militar para resolver la crisis venezolana. Todos esos planteamientos están en contexto de lo que dijo Donal Trump a mediados del año 2017, al afirmar que para la crisis venezolana tenía varias opciones, incluyendo la militar. 

Para buen entendedor pocas palabras. Pero el que no sea buen entendedor ni con el diccionario Larousse completo “metido” con cucharadas por la boca es capaz de entender las cosas que están frente a sus narices. Las palabras del secretario de Estados, de Estados Unidos, Rex Tillerson, sobre la injerencia de los gobiernos de Rusia y China, y el autoritarismo de algunos regímenes en Latinoamérica, pareciera ser una demostración que los halcones gringos estarían dispuestos a frenar la presencia de chinos y rusos en Latinoamérica. Las palabras de Tillerson no se pueden catalogar como poca cosa.

LA MUERTE COMO POLÍTICA DE ESTADO

Jose López Padrino


En el año 1998 Venezuela presenció el agotamiento del proyecto hegemónico bipartidista, y su sustitución por el neofascismo bolivariano del insepulto tte coronel. Proyecto militarista y reaccionario fundamentado en distorsiones y falacias históricas, así como en una ilusoria luz libertaria. Con ello nacía el siniestro socialfascismo del siglo XXI al mejor estilo del fascismo de la Italia de Mussolini y del nazismo de la Alemania de Hitler del siglo pasado.

Desde su llegada al poder (1998) y posterior asalto del Estado (1999), el neofascismo bolivariano se ha orientado a imponer la muerte como política de Estado, a fin de destruir el enemigo interno -lenguaje usado por el jurista del Nazi Carl Schmitt- dándole continuidad al proyecto hegemónico del pasado, pero con nuevos actores. Política nefasta que se ha sustentado en la maquinaria represiva del Estado (violencia psicológica y física), la militarización de la sociedad, control social, la judicialización de la protesta social, así como la institucionalización de la tortura y la muerte.

La eliminación del disidente ideológico como política de Estado tiene larga data en nuestro país. Dictaduras como la Juan Vicente Gómez y de Pérez Jiménez apelaron a la tortura y al asesinato como políticas de Estado. La llegada al poder del bipartidismo adeco-copeyano reprodujo muchas de las ignominias de los regímenes dictatoriales del pasado. Instituciones como la DIGEPOL- DISIP, la PTJ, el SIFA, y los Teatros de Operaciones (TO) se convirtieron en tenebrosos centros de torturas y muertes. El ascenso al poder de la peste bolivariana (1998) trajo consigo la instauración de un "terrorismo de Estado Bolivariano" como sistema de acción política, que implicó entre otras cosas la reorientación del papel de la Fuerza Armada de garante de la "defensa externa", por el de "la seguridad interna”. Además, un férreo control social, la institucionalización de los grupos paramilitares, de la tortura y la eliminación física del oponente.

La muerte como política de Estado se ha traducido en ejecuciones extrajudiciales de manera sistemática e impune. En nombre de una falaz revolución han sido asesinados cientos de venezolanos en las Operaciones de Liberación del Pueblo (OLP), en las masacres de Barrio Kennedy (11/2005), Tumeremo (03/2016), Paragua (10/2006), Cariaco (11/2016), Barlovento11/2016) el Junquito (02/2018) y más recientemente en la mina de Cicapra en el Municipio Roscio del Estado Bolívar (02/2018). En esta última fueron asesinados 18 personas a manos de efectivos del ejército y cuyos cuerpos presentaron signos de torturas. Llama la atención que 11 de los 18 asesinados tenían disparos en la cabeza y la dama ajusticiada tenía disparos en ambos senos. Algo muy similar a lo sucedido en la masacre del Junquito donde los integrantes del grupo de Oscar Pérez todos tenían disparos en la cabeza. Definitivamente estamos ante la presencia de macabros ajusticiamientos extrajudiciales, al margen de las declaraciones Goebbelianas de los voceros del régimen quienes hablan de enfrentamientos y resistencia armada. Otro de los rasgos siniestros de la barbarie bolivariana han sido las desapariciones forzadas de luchadores sociales y el secuestro de personas inocentes solo por tener algún vínculo consanguíneo (madres, esposas, hermanos, hijos) con las víctimas de la persecución policial, a fin de presionar la entrega del sujeto sometido al acoso policial.

Todas estas violaciones a los derechos humanos ocurren no obstante de que el Artículo 43 de nuestra Carta Magna establece que el “derecho a la vida es inviolable” y el Artículo 46 reza: “Ninguna persona puede ser sometida a penas, torturas o tratos crueles, inhumanos o degradantes. Además, el Articulo 17 de la Ley Especial Contra la Tortura y Otros Tratos Crueles Inhumanos y Degradantes establece: que el funcionario público que lesione a un ciudadano que se encuentre bajo su custodia en su integridad física, psíquica o moral, con la intención de intimidar, castigar u obtener información o una confesión, será sancionado con la pena de 15 a 25 años de prisión.

El neofascismo bolivariano ha institucionalizado la muerte como política de Estado con la complicidad nauseabunda del fiscal fraudulento impuesto por la Asamblea Nacional Constituyente, así como también del defensor del pueblo, y la nomenclatura facho-bolivariana. Farsantes asesinos.


LA MUD.

Julio Solórzano 

Primera parte de dos 


Hablar de la MUD como un ente abstracto artífice de la unidad, es un error que se repite a través del tiempo y oculta los verdaderos responsables de los errores cometidos reiteradamente, cuyas consecuencias hoy la paga la oposición a un precio demasiado caro. La MUD no ha sido ni es la suma de la oposición, es la expresión de cuatro organizaciones políticas (AD, VP, PJ, UNT) que se apropiaron de dichas siglas marginando un grupo de organizaciones de la sociedad civil (llámense partidos políticos o ONG), aunque pequeñas sumadas representan un sector importante de la oposición y ocupan un espacio en el espectro político nacional para bien o para mal según con el prisma que se vean. 

En el mejor de los casos dichas organizaciones apropiadas de la MUD no tuvieron la agudeza para entender el desarrollo de los acontecimiento políticos que se avecinaban y desarrollar políticas coherente que consolidaran el triunfo obtenido por la oposición en diciembre del 2015, donde otras organizaciones y personalidades apoyaron y contribuyeron incondicionalmente sin nada a cambio en aras del rescate de la democracia y la libertad de nuestro país. 

Despues de los acontecimientos del 11 de abril del 2002, las elecciones parlamentarias del 6 diciembre del 2015 fue un punto de inflexión en la lucha contra el chavismo en Venezuela. Aparecía la oposición con algo tangible en sus manos, el poder legislativo, triunfo que hubiese sido más contundente si las cuatro organizaciones que dirigían la MUD hubiesen actuado con la suficiente amplitud para conformar un frente de unidad nacional que permitía obtener una mayor cantidad de diputados a la Asamblea Nacional. 

Apenas una semana despues del triunfo obtenido por la oposición el 6 de diciembre del 2015 comienza a desarrollarse una contra ofensiva por parte del gobierno, presionan a varios magistrados del Tribunal Supremo de Justicia para que renuncien anticipadamente porque se les vencía su gestión en el trascurso del 2016 cuando la Asamblea Nacional en manos de la oposición estaría en plena actividad y por supuesto llenarían las vacantes con gente ajenas al chavismo, en dicha semana cubrieron las vacantes con gente de la absoluta confianza del gobierno a través de una asamblea legislativa que agonizaba en su composición, para convertir el TSJ. En el muro de contención que se ocuparía posteriormente de declarar cualquier acto legislativo como inconstitucional. Comienzas por declarar irritas las elección de parlamentarios en Amazona, con lo cual le arrebataban los dos tercios a la oposición en dicha Asamblea y le impedían tomar un conjunto de decisiones que permitieran avanzar en cuanto al rescate de la democracia y el bienestar económico de la nación. Ante esa burda maniobra del gobierno lo único que se le ocurrió al nuevo presidente de la Asamblea Nacional nombrado el 5 de enero del 2016 fue decir que Maduro sería sacado del poder en seis (6) meses. 

Las respuestas de la MUD en cuanto a la arremetida por parte del gobierno a partir del 6 de diciembre del 2015 fueron tardías a destiempo, impregnadas de errores que condujeron al pueblo a nuevas derrotas. Cuando el gobierno había tomado nuevamente la iniciativa e imponía sus políticas totalitarias. Cuando era necesario luchar con ahinco para que fueran reconocido los diputados indígenas de Amazona y Apure, la MUD se debatia en la incoherencia juramentandolos y anulando dichas juramentaciones en un juego incomprensible con el gobierno.

Las organizaciones políticas que dirigen la MUD tiraron por la borda un capital político que se venía creando a partir del 2.013 y terminan implosionando una herramienta política que sirvió y podía seguir siendo útil en el futuro. Hoy la credibilidad de los que alguna vez lideraron la oposición a través de la MUD, se encuentran muy desacreditados, incluso una parte importante de la población opositora aunque no sea cierto habla de comchupancia entre el gobierno y la oposición.

Los viejos métodos



VICENTE ECHERRI


Que el secretario de Estado de Estados Unidos Rex Tillerson dijera poco antes de salir de gira por América Latina que la situación de Venezuela podría ser enmendada por los militares —sugiriendo que el tradicional coup d’Etat como la solución más expedita para la crisis que vive esa nación sudamericana— ha escandalizado a muchos, sobre todo a los que dan por definitivamente superada la fórmula con que en el siglo XX se quitaron y se pusieron gobiernos en este continente que Estados Unidos, no sin razón, consideraba su “traspatio”.


En las últimas décadas y a partir de un legítimo movimiento hacia la legalidad democrática en toda la región, cuando regímenes militares en Brasil, Argentina, Chile, Uruguay y Perú dieron paso a gobiernos producto de elecciones, Estados Unidos asumía ostensiblemente una posición de respaldo y de menor intervención directa. No pasaba lo mismo en el Caribe, donde Washington apoyó abiertamente a los contras

nicaragüenses frente al régimen revolucionario de los sandinistas y al gobierno salvadoreño que se enfrentaba a una guerrilla de inspiración marxista; o intervenía abiertamente en Granada y en Panamá para propiciar un cambio de régimen, como lo hizo luego en Haití a fin de librar a ese país de la dictadura de Raoul Cedras.


Con Venezuela, EEUU ha mostrado una tolerancia sólo superada por la que ha tenido hacia esa fuente de incordios para la política norteamericana que ha sido Cuba por casi seis décadas, al extremo de que personas muy enteradas cuentan que Colin Powell, secretario de Estado en el momento en que se produce el golpe contra el presidente Chávez en 2002, interviene para desalentar a los golpistas, siendo esa una de las razones por las que sobrevive hasta el presente la nefasta revolución bolivariana.


Yo creo, sin embargo, que el gobierno de Estados Unidos —tras un breve hiato de mesura y pese a todas las protestas no intervencionistas del presidente Trump— empieza a cobrar conciencia nuevamente de la importancia de la región para sus intereses y de la necesidad de intervenir en ella de manera más activa si no quiere verse suplantado en poco tiempo por China y Rusia, que se empeñan en extender sus zonas de influencia.


Mientras la situación geográfica se mantenga (factor casi imposible de alterar) y Estados Unidos siga siendo una gran potencia con vitales intereses regionales, la condición latinoamericana de “traspatio” es una realidad ineludible, que es mejor que sea asumida por unos y otros con toda la responsabilidad que eso conlleva, en lugar de producir escándalo. Si bien es verdad que en el pasado EEUU estuvo detrás del derrocamiento de gobiernos legítimos que afectaban sus intereses y a favor de regímenes despóticos que los favorecían, sus intervenciones, directas e indirectas, en las últimas décadas, siempre han sido para contribuir al retorno de la democracia. Venezuela no debería ser una excepción.


No es de esperar que unos militares tan purgados y corrompidos por el chavismo en casi veinte años de gestión cuenten con la independencia y el patriotismo suficientes para derrocar a Maduro, de ahí que el comentario de Rex Tillerson no pase de ser eso que en inglés llaman wishful thinking. No obstante, tiene la importancia de revelar que Estados Unidos vuelve su mirada a América Latina y se da cuenta de cuáles siguen siendo los mayores problemas, a la cabeza de los cuales se destacan el foco de infección que Venezuela y Cuba representan (no en balde el Presidente mencionó a ambos países en su reciente discurso sobre el estado de la Unión). El Tío Sam enarbola el bastón, o el garrote. Los males que provocan su impaciencia son viejos, los métodos para remediarlos pueden serlo también.


Tomado de el Nuevo Herald

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