Nº 353

LA ONU DENUNCIA LA BRUTAL REPRESIÓN E IMPUNIDAD DEL RÉGIMEN DE MADURO


Naciones Unidas pide una investigación internacional y solicita "mayor implicación" del Tribunal de La Haya


FRANCESCO MANETTO

La ONU denunció este viernes la represión del chavismo por las “graves violaciones de los derechos humanos” perpetradas en Venezuela y pidió a la Corte Penal Internacional de La Haya “mayor implicación” ante la deriva del régimen de Nicolás Maduro. Naciones Unidas dibuja en un informe un panorama aciago que califica de “espiral descendente que no parece tener fin”. Documenta cientos de homicidios, la violencia de las fuerzas de seguridad contra manifestantes, detenciones arbitrarias y torturas, y advierte de la impunidad de las autoridades.

La Oficina de Derechos Humanos de la ONU, con sede en Ginebra, describe una situación sin matices en la que los abusos de las fuerzas policiales y el Servicio Bolivariano de Inteligencia (Sebin) se entremezclan con el control casi absoluto que el aparato chavista ejerce sobre la población, las consecuencias de la crisis alimentaria y una hiperinflación sin freno.

Esta denuncia redobla la presión internacional, encabezada desde hace meses por la Organización de los Estados Americanos (OEA), Estados Unidos y la Unión Europea, frente a un régimen que logró desactivar a la oposición interna, dividida y debilitada, y que actúa sin ningún contrapoder.

Además de las violaciones registradas durante las protestas contra el Gobierno entre abril y julio del año pasado como consecuencia de la convocatoria unilateral de unas elecciones constituyentes —en las que murieron más de 120 personas—, Naciones Unidas analiza las premisas de esa ola de violencia.

“De julio de 2015 a marzo de 2017, la Fiscalía General registró la muerte de 505 personas a manos de las fuerzas de seguridad (...). Los testimonios recogidos sugieren que esas muertes se enmarcaron en un determinado patrón de comportamiento de las fuerzas de seguridad: la realización de incursiones en los barrios pobres con el fin de detener a criminales, sin orden judicial”, señala el informe.

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Imposible saber si Andrés Manuel López Obrador será un presidente bueno o uno malo. Pero todo indica que su inminente triunfo representa el fin de un régimen y el surgimiento de uno nuevo. Más aún, pinta para convertirse en una ruptura histórica. No solo porque, todo indica, ganará con más del 50% de los votos y tendrá una amplia mayoría en el Congreso, algo que no ha disfrutado cabalmente ningún mandatario mexicano en 25 años. También, y sobre todo, porque habrá cambiado radicalmente la estructura de partidos que ahora prevalece. No se trata solamente de una derrota del PRI, del PAN y del PRD, partidos protagónicos de la vida política de los últimos décadas, sino de un verdadero desfonde de estas fuerzas políticas de cara al futuro inmediato.


El fin del régimen tiene menos que ver con la fuerza o las virtudes de López Obrador que con el agotamiento de la partidocracia que intentó sustituir al régimen presidencialista. Con errores y aciertos los presidentes mexicanos de antaño y sus equipos poseían una visión de Estado de largo y mediano plazo. Las dirigencias de los partidos políticos, en cambio, convirtieron al Congreso en rehén de las marrullerías y mezquindades destinadas a mantener posiciones y canonjías a cualquier costo. Una y otra vez la politiquería de la sobrevivencia inmediata sacrificó cualquier posibilidad de construir estrategias de fondo para atacar los grandes problemas nacionales.

Sin mayor formulación que una narrativa en contra de la corrupción y una prédica en abstracto a favor de los pobres, López Obrador aparece justo en el momento en que ese híbrido parlamentarismo-presidencialismo se ha agotado. No hay respuestas ante la desigualdad galopante, la inseguridad pública y la corrupción. La clase política en su conjunto y el sistema que prohijó han tocado fondo.

Lo que veremos tras el 1 de julio es la devastación del PRI y la extinción del PRD. En las próximas elecciones ambos serán barridos. Cuadros y militantes de ambos partidos emigrarán masivamente a Morena en busca de las posiciones que ya no obtendrán en sus viejas organizaciones. Por su parte el PAN, el partido de derecha, se convertirá en la única oposición real, pero antes tendrá que pasar prácticamente por una refundación, luego del fallido y cruento asalto al poder por parte del joven Ricardo Anaya y los muchos cadáveres dejados en el camino.

En suma, López Obrador llegará a la presidencia en el contexto de un vacío de poder y un profundo descrédito de las fuerzas políticas rivales. Durante el primer año de gobierno su peso será aun mayor en la medida en que los tránsfugas del PRI y el PRD en el Congreso le ofrezcan una cómoda mayoría.

¿Qué hará Andrés Manuel con ese poder? Esa es la pregunta que comienzan a hacerse todos los mexicanos. El candidato ha dicho poco y en ocasiones a contrapelo de lo que dijo una semana antes. Su corpus ideológico es ambiguo, por decir lo menos. Una desconfianza arraigada con respecto a los tecnócratas y sus tesis neoliberales; una compulsa obsesiva en contra de la corrupción; su determinación a cambiar la historia a favor de los pobres. Pero en la práctica no es enemigo del gran capital ni profesa una militancia radical. En el arca de Noé que ha construido alberga a exdirigentes del PAN de corte conservador, a un partido evangélico de derecha, a empresarios de diversa índole, a una multitud de exfuncionarios priístas y a algunos luchadores y activistas de la izquierda tradicional. Una mezcla variopinta que dice muy poco sobre el régimen que nos espera.

Con todo, hay una constante en su movimiento político. Todos los caminos parten de y conducen a él. La propia indefinición política de Morena, su partido, favorece a su liderazgo; a falta de lineamientos o posicionamiento doctrinario todo depende de la voluntad del dirigente. Una y otra vez se ha descrito el ascenso de López Obrador como un fenómeno típicamente populista y se le compara a Hugo Chávez e incluso a Fidel Castro. Difiero. López Obrador carece del radicalismo del venezolano o el cubano. A mí en cambio me hace pensar en Perón, toda proporción guardada. Su ambigüedad ideológica, su capacidad para flotar por encima de las definiciones o para convocar a las fracciones políticas más divergentes y su habilidad para negociar con las estructuras sindicales vigentes, hacen recordar a la figura del líder argentino. En Morena como en el movimiento peronista cabe todo, siempre y cuando se jure respeto y lealtad al líder.

Pero desde luego todo esto es hipotético. Solo sabemos que a partir del 1 de diciembre El Peje tomará el control de un régimen moribundo. Lo que suceda después lo sabremos muy pronto.
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sábado, 23 de junio de 2018

EDITORIAL

Luis Manuel Esculpi

Hay quienes tienen la expectativa que el gobierno pueda generar cambios en el sentido de producir un viraje en su política económica, también una relativa apertura en su accionar político. Si se trata de optar por la metodología de considerar todos los escenarios posibles para analizar la pretensión del gobierno de conservar el poder, pese a la gravísima situación que confronta, esa sería una opción a considerar,suponiendo que en la cúpula gobernante exista la convicción de con esa fórmula, pudieran lograr el objetivo que hoy por hoy constituye su razón de ser. 

Pienso que ese es el escenario menos probable, considerando que para poder afrontar la magnitud de la crisis económica será inevitable acudir a los organismos multilaterales, disposición inconcebible para quienes tienen el control de la conducción política del régimen, siguen siendo militantes de esa izquierda dogmática y trasnochada cuya pensamiento decimonónico le impide adaptarse a la visión moderna y democrática. 

Se trata de la misma izquierda que Teodoro Petkoff bautizó como "borbónica", por aquello de que "ni olvida, ni aprende".

Si pasamos revista ligeramente a los recientes cambios en el gabinete, confirmamos nuestra renuencia a asumir como viable un viraje significativo en las políticas que el gobierno viene adelantando, esos enroques rutinarios, que alguien asemejó al carrusel infantil que mientras gira los niños se trasladan de un caballito a otro, no generan la menor expectativa de variación en su política. 

El colocar a Tarek El Aissami al frente del área económica es una muestra evidente de la inexistencia de una voluntad de apertura, el ex Vicepresidente proviene de un grupo ultraizquierdista de la Universidad de los Andes, no ha demostrado ni en su pensamiento, ni en su acción que ha evolucionado, por el contrario pareciera anclado en las vetusta predica como dirigente estudiantil. 

El rol que ahora cumplirán los hermanos Rodríguez, herederos de la vieja Liga Socialista, donde también militó Maduro y el Ministro del trabajo recién designado Eduardo Piñate, al lado de Elias Jaua y Blanca Eekhout -junto a otros- de la antigua Bandera Roja, corroboran el predominio de la vieja izquierda en el grupo dominante. Aunque, en rigor sus adláteres, no se orientan por ninguna ideología, en ellos priva el oportunismo, la búsqueda de prebendas y las prácticas corruptas. 

Nicolás ha venido progresivamente consolidándose en ese grupo, haciendo algunas concesiones a sus adversarios internos, pero disminuyéndoles su poder e influencia. La antigua promesa de reducir la burocracia quedo en el olvido, ya no se constituyen "estados mayores" para supuestamente atender los temas críticos, sino se crean ministerios; el ministerio para la energía eléctrica y el de ecosocialismo y agua, no son precisamente ejemplos de eficiencia para atender los problemas en sus respectivas áreas. 

El carrusel y los enroques confirman el agotamiento del gobierno y su incapacidad para renovar las expectativas y la confianza en sus posibilidades de iniciar un proceso distinto al emprendido hasta ahora, no le resulta nada fácil abrirse más allá de sus círculos más próximos, de sus "anillos de confianza", tienen el sol a sus espaldas, por eso para sostenerse apelan a los más fieles. 

Con tal conformación el viraje imprescindible luce inviable, sino se produce el cambio político, la situación continuará agravándose inexorablemente, la crisis que confrontamos no es coyuntural, tiene características esencialmente estructurales, superarla plantea exigencias de una magnitud para la cual este gobierno está incapacitado e imposibilitado, su rigidez e inflexibilidad no se lo permite, los responsables de esta tragedia no son los llamados a superarla. El cambio político democrático y constitucional sigue siendo una necesidad impostergable.

UNA GRAVE PATOLOGÍA POLÍTICA

Humberto García Larralde, 


El insólito hecho de que un gobierno tan incompetente, corrupto y cruel permanezca en el poder contra el sentir abrumadoramente mayoritario de la población venezolana manifiesta una grave patología en el cuerpo político de la república que está terminando por destruir lo que una vez fue un hermoso país.

Hemos insistido en que la tragedia actual no constituye ninguna fatalidad y que el país tiene cómo superarla en plazos perentorios. Pero la oligarquía que hoy ocupa el poder muestra ser refractaria al clamor por que sean rectificadas políticas causantes de uno de los procesos de empobrecimiento masivo más acelerado que conoce la historia moderna para un país que no esté guerra. Su interés está en cómo continuar aprovechando las oportunidades de lucro que deparan la destrucción del Estado de Derecho y la ausencia de transparencia y de rendición de cuentas de sus procederes. Sin precios regulados, tipos de cambio diferenciados, monopolización de canales de distribución, leyes punitivas que facilitan la extorsión y la ausencia de supervisión externa --abatidas las normas que resguardan contra el dolo en el manejo de los recursos públicos--, no existirían posibilidades para un enriquecimiento tan súbito e impune. En nombre del socialismo, esta oligarquía ha erigido un Estado Patrimonial(Max Weber), violando el ordenamiento constitucional para borrar las fronteras entre el patrimonio público y el suyo. En este afán, usurparon la soberanía que debe ejercer el pueblo sobre la cosa pública (res publica) a través de sus órganos legítimos de representación, trampeando estructuras paralelas de poder –la designación de “protectores” en estados gobernados por la oposición y la invención de una “asamblea constituyente”— para apropiarse de manera excluyente del Estado Venezolano.

¿Y cómo, desafiando toda lógica, se mantiene tan nefasto régimen? Por la fuerza, como toda dictadura. Para asegurar la lealtad de las armas, promovió la participación del alto mando militar en el sistema de expoliación montado, factura indiscutiblemente cubana. Instauró un Estado de Terror, con tribunales cómplices que penalizan a la disidencia, en el que se tortura a los presos políticos y se reprime salvajemente toda protesta. Luego de las 140 muertes a manos militares y de bandas fascistas durante las movilizaciones del año pasado, la oligarquía confía en que el pueblo no se arriesgará a manifestar activamente en su contra. El despotismo llega al extremo cuando la cabeza visible del crimen masivo que se perpetra contra los venezolanos tiene la desfachatez de armar una trampajaula para hacerse “reelegir”, en suprema burla de la voluntad popular.

Del lado de las fuerzas democráticas el desconcierto ante la conducta abiertamente dictatorial de Nicolás Maduro y de los militares que lo apoyan hace aflorar intereses de grupo que se sobreponen a la necesaria unión de propósitos, facilitando su perpetuación en el poder. Dos cosas son centrales para que las fuerzas democráticas recobren su liderazgo y contribuyan exitosamente a resquebrajar las bases de sustento de la dictadura.

En primer lugar, deben ponerse de acuerdo sobre la naturaleza del régimen a que se enfrenta. Es más que una simple dictadura. A pesar de --o mejor por-- su retórica comunistoide, su comportamiento no se distingue de la del fascismo clásico. El constructo ideológico de la oligarquía militar civil es ahora otro –no profesa la superioridad étnica o el destino manifiesto de la nación por dominar a otras--, pero persigue iguales fines: proyectar la política como una guerra conforme a una representación maniquea inspirada en épicas de una mitificada “edad de oro” –la gesta emancipadora--, en la que se arroga el papel de “pueblo”, aun siendo una reducida minoría. Quienes se le oponen son “enemigos del pueblo”. La prosecución de fines pretendidamente trascendentes “justificaría”, en tal contienda, desmantelar los contrapesos del Estado de Derecho en nombre de una “revolución” que sólo conduce a la destrucción.

Tal montaje ideológico azuza el fanatismo de una secta minoritaria --impermeable a toda crítica a su imaginario desde una perspectiva racional--, para que funja como herramienta para el control social en zonas populares y como fuerza de choque (las bandas fascistas denominadas “colectivos”), en apoyo al régimen. Por otro lado, sirve de bálsamo para aliviar las conciencias de quienes destruyen el país, cobijándolos en una fantasiosa recitación de clichés que los proyecta como “campeones en la defensa de los intereses del pueblo” y herederos del legado de El Libertador. No es que crean en estas monsergas, pero de tanto repetirlas, construyen una realidad alterna que sirve de hermético blindaje contra todo reclamo y para arrogarse una supuesta supremacía moral para chantajear a la disidencia y absolver sus desmanes. De ahí la terrible crueldad con que se niegan a corregir sus políticas, condenando a la gente a padecer hambre, desnutrición y muerte por falta de medicamentos.

Las fuerzas democráticas deben quitarles a Maduro, Cabello, Padrino y los hermanos Rodríguez toda pretensión de legitimarse enarbolando banderas que cosechan a su provecho una cultura política izquierdosa muy extendida en el país, sembrada por el estatismo adeco copeyano y una romantizada visión de “guerrilleros heroicos”. Debe desnudarse su naturaleza fascista para desmentir el sentido de misión justiciera con que embaucan a quienes los apoyan. Ello ataña al uso del lenguaje. No es posible que quien denuncie las mafias sea el propio Maduro, con el fin de ponerle la mano a los mercados municipales o desplazar a sus rivales de PdVSA. ¿Qué Cabello califique de “fascistas” a la oposición y que el gorilaje militar se escude señalando una conspiración de la “ultra-derecha”? ¡¡Por favor!!

En segundo lugar, la oposición democrática debe formular un proyecto de país alterno al actual desastre, que sea creíble y que pueda convocar a los distintos sectores sociales a la lucha definitiva por desalojar del poder a los fascistas. Decir que lo haremos mejor porque no somos corruptos y porque convocaremos a los más talentosos para gobernar, si bien es cierto en el balance, no convence: un manejo mejor de la renta está muy lejos de ofrecer las soluciones que el país demanda. Por otro lado, la gente no lee programas de gobierno, por más bien fundamentados que estén. Es menester conceptualizar política y socialmente un modelo de país que inspire acciones de cambio, diferenciándose radicalmente del régimen expoliador rentista, basado en la fuerza, que hoy nos oprime. Ha llegado el momento de profesar abiertamente la necesidad de construir un régimen democrático liberal con vocación social, amparado en un Estado de Derecho sólido en el que la igualdad ante la ley se sustente en una igualdad de oportunidades forjada por políticas sociales focalizadas que “nivelen el campo de juego”. El concepto de economía social de mercado, enraizado en las vivencias y las necesidades reales de la gente, abre posibilidades para alcanzar la prosperidad y la justicia social a través de la iniciativa privada, en un contexto institucional en el que el Estado vela por el cumplimiento de los derechos laborales, civiles, ambientales y políticos, reduce las trabas a la actividad productiva y genera las externalidades positivas que reducen los costos transaccionales y facilitan la competitividad. La remuneración y/o los proventos de cualquier emprendimiento, por más modesto que sea, deben permitir una vida digna a los venezolanos, con expectativas de superación con base en el esfuerzo, el estudio y la capacitación. El usufructo de la renta petrolera tampoco debe estar sujeto a la discrecionalidad del gobernante de turno.

Sin proyectar clara y convincentemente una capacidad para constituirse en alternativa seria, viable, con amplio apoyo popular, será difícil resquebrajar el sustento de la actual dictadura haciendo que los militares honestos se arriesguen a hacer cumplir los artículos 328 y 333 de la Constitución.

¿UN LÍDER ÚNICO? ¿POR QUÉ Y PARA QUÉ?

MARIO VILLEGAS

Voces de nuestra muy diversa y multisápida oposición venezolana vienen planteando la necesidad de que las fuerzas que adversan al régimen escojan en primarias a un líder único.

¿Un líder único? ¿Por qué y para qué? “¿Con qué se come eso?, diría el finado Luis Miquilena.

¿Es que acaso los aciertos y desaciertos, éxitos y fracasos de nuestra oposición han obedecido y obedecen a la existencia o no de un único líder? 

¿Es que acaso la fabricación de un líder único, bien sea por la vía de primarias o de cualquier otro método, va a conducirnos inexorablemente al cambio democrático en paz al que aspira la inmensa mayoría de los venezolanos?

Para empezar, a diferencia de un candidato a la Presidencia de la República o a cualquier otro puesto de representación popular (en cuyo caso sí pueden ser pertinentes unas elecciones primarias), los liderazgos no se eligen, no son un cargo para el cual se vota, bien sea en urnas electorales, a mano alzada en asambleas o mediante cualquier otra forma comicial.

El liderazgo ni se elige ni se decreta. Lo otorga el reconocimiento de la gente en la cotidianidad. Se gana a pulso con la palabra oportuna y certera, trabajo diario y permanente, disciplina, madurez, idoneidad, lealtad y solidaridad, todo lo cual se traduce en confianza y una especial conexión con los sentimientos y los anhelos de la comunidad de que se trate, desde un modesto agrupamiento humano, un movimiento social, una ciudad o un país todo.

Líder no es el más carismático, sino aquel que mejor interpreta las necesidades de la gente y la orienta por los caminos más idóneos, por difíciles y antipáticos que puedan ser o parecer, para superarlas y producir las soluciones confiables y duraderas.

Es válido preguntarse si la pretensión de elegir un líder único no tendrá más bien el propósito de minimizar. neutralizar o acallar algunas voces de la oposición democrática, lo cual sería un verdadero atentado contra las enormes potencialidades de esta, toda vez que una de sus mayores fortalezas es precisamente la multiplicidad y diversidad de líderes que no solo la adornan, sino que la caracterizan como una fuerza representativa de los más amplios sectores de la comunidad nacional, tanto desde el punto de vista ideológico, como social y generacional.

Experiencias de líder único ya tenemos en el país. La más reciente y nefasta, la de Hugo Chávez, todavía la estamos padeciendo y con creces. Su costo para la democracia y la vida de los venezolanos ha sido sencillamente catastrófico.

Así como en la alternativa democrática no necesitamos un partido único como el propuesto en su momento por Chávez para el chavismo (que Nicolás Maduro contraría hoy al crear el partido paralelo “Somos Venezuela”), tampoco necesitamos un líder único.

Escoger un líder único de la oposición supondría el grave peligro de que este impusiera discrecionalmente a los demás su propia visión y su exclusivo proyecto político, pero a la vez significaría renunciar y sacrificar la riqueza que representa el numeroso y diverso liderazgo de que dispone la oposición en todos sus segmentos partidistas y societales.

De lo que sí ha adolecido nuestra oposición para producir definitivamente el necesario cambio democrático en el país es de una acertada política común, detrás de la cual se alinee la pluralidad y totalidad de su liderazgo y su caudal organizativo y humano.

La última vez que la oposición dispuso de una acertada política común fue en diciembre de 2015, lo cual derivó en una gigantesca victoria política y electoral que le dio la mayoría abrumadora en la Asamblea Nacional y permitió arrinconar al régimen. Por desgracia, la oposición no supo administrar esa victoria e incurrió en severos traspiés que la llevaron a sucesivas derrotas políticas y electorales posteriores. Los atajos ya evidenciaron su inutilidad y su sangriento costo para la sociedad.

Lo principal es una política común, pero aún es insuficiente. Venezuela necesita de una acertada política común de quienes adversan al régimen, de una hoja de ruta democrática común alrededor de la cual confluyan todos los sectores que anhelan un cambio político en paz, y de una voluntad superior común que haga a un lado las mezquindades, las rivalidades y las desmedidas apetencias personales y grupales.

Cuando llegue el momento y haya que seleccionar a un candidato presidencial, el mecanismo de las primarias debe ser el primero a considerar. Antes no.

CON DUQUE TRIUNFA LA DEMOCRACIA LATINA

Gerónimo Figueroa Figuera 


El triunfo de Iván Duque en Colombia significa una ganancia para la democracia Latinoamericana y una derrota mas para el castro-chavismo-comunismo que lo único que ha hecho es traer desgracias a la región, especialmente en Cuba, Venezuela, Nicaragua, Bolivia y El Salvador, donde todavía esa peste sigue con vida gracias a la represión desatada contra la población. Afortunadamente la mayoría de los colombianos no compró el discurso populista y encantador de serpientes del chavo-madurista Gustavo Petro, cuyo objetivo principal de haber ganado era convocar una constituyente para desmontar las instituciones en Colombia y expropiar empresas como hizo Hugo Chávez en Venezuela. 

Para desgracia en cierto momento con participación directa de los gobiernos de Néstor kirchner y su esposa en Argentina, Lula Da Silva y Dilma Rousseff en Brasil, Michelle Bachelet en Chile, Pepe Mujica y Tabaret Vásquez en Uruguay, Rafael Correa en Ecuador, Fernando Lugo en Paraguay, Mauricio Funes y Salvador Sánchez Cerén en El Salvador, Daniel Ortega en Nicaragua, Manuel Zelaya en Honduras, Ollanta Humala en Perú y Evo Morales en Bolivia, mas la complicidad silenciosa de Juan Manuel Santos en Colombia, Roberto Martinelli en Panamá y varias islas caribeñas cuyos gobiernos se chulean el petróleo venezolano, el castro-chavismo llegó a controlar la OEA y fundar los mamotretos de la CELAC y UNASUR, como trajes a la medida. Afortunadamente la realidad en la región es otra. 

El domingo 17 de junio en la noche después de los resultados electorales, escuche un discurso lleno de odios y resentimiento de Gustavo Petro que me recordaron los que pronunciaba Hugo Chávez cuando estaba vivo. Petro hablo de convocar manifestaciones callejeras con intenciones de desestabilizar el gobierno de Duque cuando asuma el poder. En su discurso de odios y resentimientos también hablo de compra de votos, ofendió a los 10 millones 300 mil colombianos que votaron por Duque y que los ocho millones que sacó eran suyos para aspirar como candidato dentro de cuatro años, obviando que para esa fecha habrá otros candidatos y el tendrá que pasar nuevamente a segunda vuelta. 

En ese sentido Primero hay que recordar que Gustavo Petro solo sacó 4 millones 300 mil votos en la primera vuelta, los cuales pudiéramos decir que son los izquierdistas que votaron por su fórmula, los otros tres millones y tantos Petro no puede decir que son izquierdistas y comunistas. Allí hay votos de los otros tres candidatos que no pasaron a la segunda vuelta y electores que compraron la propaganda antiuribista disparada por algunos mercenarios electorales. Igualmente, Iván Duque en primera vuelta sacó 7 millones 700 mil votos, y los 2 millones 300 mil que completan los 10 millones que sacó en segunda vuelta tampoco se puede decir que son suyos. 

En contraste con el discurso cargado de odios y resentimientos de Gustavo Petro, ese mismo dia escuchamos a Ivan Duque hablar de inclusión, de inversión en grandes, medianos y pequeños proyectos de emprendimientos para generar empleos y dándole gracias a todos los colombianos que votaron por él y los que no lo hicieron. Pidiéndole a todos los profesionales sin excepción que lo ayudaran para sacar a Colombia adelante. Apuntando amplificar el sistema tributario y Reducir impuestos a las empresas hasta en un 27% para impulsar la generación de empleos y ratificando que no aumentará la edad para jubilación y crear un fondo para cubrir a la población más vulnerable, entre otras cosas. 

También es importante anotar que, en el triunfo de Iván Duque, además de los méritos propios del candidato, no se puede ser mezquinos con los expresidentes Alvaro Uribe y Andrés Pastrana, quienes desde el primer momento se montaron la precandidatura interna y luego la candidatura en primera y segunda vuelta. Tampoco se puede negar la participación de las alianzas desde el principio y las que se agregaron para la segunda vuelta. Esa es una realidad que ha reconocido el propio presidente electo, Iván Duque, y no como pretenden hacer creer ciertos analistas en CNN después del domingo 17 de junio en la noche. 

Aunque en su discurso del domingo 17 de junio en la noche después de ser electo como presidente de Colombia, Iván Duque, solo se refirió a lo que será su programa de gobierno a lo interno de Colombia y no mencionó la crisis humanitaria venezolana, posteriormente ha sido claro al calificar al gobierno de Maduro como dictadura y que buscaría consenso con otros presidentes de la región para aislarlo y reforzar ante la Corte penal Internacional el expediente elaborado por expertos de la OEA por crímenes de lesa humanidad. Sostiene que lo dicho como candidato había que honrarlo como presidente. 

Igualmente, ha dicho que creará un fondo de atención humanitaria para la migración y buscará consenso entre los gobiernos de la región para distribuir la migración venezolana que llega diariamente a Colombia por la frontera entre Táchira y Cúcuta, huyendo de la terrible situación que se vive en nuestro país. Por eso debemos resaltar que cuando los colombianos decidieron elegir a Duque y no a Petro, sin ninguna duda que ganó la democracia Latinoamericana y también la protección a los Derechos Humanos. Igualmente ha dicho que trabajará para erradicar las dictaduras de la región, algo muy parecido a la doctrina Betancourt que consistió cuando fue presidente de Venezuela cero tolerancia y cero relaciones con dictadores.

MADURO ATA SU SUERTE A DIOSDADO CABELLO, PERO ES UNA UNIÓN PLAGADA POR LA DESCONFIANZA

ANTONIO MARIA DELGADO

Es un matrimonio a la fuerza del que pensó que ya había salido, pero el gobernante venezolano Nicolás Maduro se está viendo obligado a acercarse nuevamente a Diosdado Cabello, su rival dentro de las filas del chavismo, empujado por la cada vez mayor presión internacional y el descontento entre los militares.


Y es que Maduro se está atrincherando para resistir en los próximos meses una de las mayores tormentas de la historia del chavismo, optando por mantener a Cabello muy cerca al nombrarlo como presidente de la cuestionada Asamblea Nacional Constituyente (ANC) aunque no es un secreto que hay más desconfianza que afecto entre los dos, dijeron analistas.

Los expertos creen que la crisis del país sudamericano, que ya ha empujado a más de cuatro millones de venezolanos a salir del país, empeorará en los próximos meses.

La hiperinflación, que ya ronda 25,000 por ciento, debe acelerarse mucho más ante el creciente colapso de la industria petrolera, al tiempo que el ya abrumador descontento de la población ha comenzado a llegar a los cuarteles y a las propias filas del chavismo, mientras la comunidad internacional continúa su campaña de sanciones contra el régimen.



“Ellos se están acomodando para dar batalla. Están buscando los mejores espacios donde mejor pueden resistir el huracán que les viene encima”, dijo el ex diputado y escritor venezolano Nelson Chitty La Roche.

Pero Maduro no tiene ningún tipo de garantía de que Cabello le cuide la espalda desde el timón de la ANC, ente muy cuestionado pero que ha sido erigido como entidad plenipotenciaria, con poderes superiores a todos los demás, incluso la presidencia.

Los dos dirigentes tradicionalmente se han visto mutuamente como obstáculos a ser superados para consolidar el monopolio del poder dentro del chavismo, lo que tradicionalmente les ha llevado a dormir con un ojo abierto, dijeron los analistas.

“Los dos son caimanes del mismo pozo. Y desde luego los caimanes no son capaces de dar ningún tipo de garantía [de confianza] que pueda ser creíble. De allí que ambos estén estableciendo dentro del propio régimen un sistema de pesos y contrapesos”, expresó Chitty La Roche.

De caimán a caimán, uno le dice al otro: “Si, claro, yo te lo creo todo, pero por las dudas te cuido; te voy a dar oportunidades que están aquí, pero paralelamente voy a mantener sobre ti una estrecha vigilancia”, agregó.

El asesor político Esteban Gerbasi dijo desde Miami que uno de los sistemas de contrapeso es la actual conformación de la ANC.

Si bien Cabello está ahora a la cabeza de la entidad, la mayoría de sus representantes son hoy presumiblemente leales a Maduro, tras ser seleccionados a dedo por el gobernante a través de un proceso declarado por la comunidad internacional como una farsa electoral.

Es una forma de tener a Cabello muy cerca para controlarlo, dijo Gerbasi, al advertir que Cabello, al igual que el ahora ex vicepresidente Tareck El Assami, son colocados en puestos donde ahora los pueden vigilar mejor.

Los tres —Maduro, El Aissami y Cabello— han sido sancionados por Washington, pero sólo los últimos dos han sido descritos como grandes capos de la droga.

“Mientras juegan a ‘hermanos de lucha’, Maduro les entrega sus parcelas delincuenciales como lo hacen los grandes mafiosos que reparten territorios a carteles para que sigan haciendo lo que saben: delinquir y reprimir. Pero estas parcelas no tienen ni poder real, ni reconocimiento popular e internacional, y mucho menos recursos económicos para actuar”, advierte Gerbasi.

Y aunque siguen estando al lado del poder, El Aissami y Cabello están lejos de sentir tranquilidad, situación que pudiera convertirse en una amenaza para Maduro, agregó el asesor político.

“Tareck y Diosdado sospechan que en cualquier momento serán sacrificados, entregados como trofeos, así que para sobrevivir se verán obligados asaltar el poder y hacer suya la guarida en que se ha convertido Miraflores. Veremos quien ‘aparta’ a quien”, manifestó.

El que a El Aissami lo describan como un problema potencial para Maduro es un nuevo acontecimiento, dado que el temido dirigente siempre ha sido visto como un poder más bien cercano al gobernante venezolano.

Pero ese no es el caso de Cabello, quien durante mucho tiempo fue considerado el número dos del régimen, y luego fue testigo de la erosión sistemática de su base de poder.

Antonio De La Cruz, director ejecutivo de la firma InterAmerican Trends, dijo que los planes de Maduro incluían la destrucción de Cabello, quien estaba condenado a correr la misma suerte que el otrora zar económico, Rafael Ramírez, quien de ser uno de los tres pilares fundamentales del régimen terminó siendo un fugitivo en el exilio acusado de corrupción masiva por el régimen.

“Diosdado está en la lista de Maduro de gente que hay que quebrar”, dijo De La Cruz desde Washington. “Lo que pasa es que ahora no puede”.

Según el analista, las circunstancias están forzando a Maduro a buscar un mayor equilibrio interno, dado que la maniobra que emprendió con las elecciones presidenciales del 20 de mayo, calificadas como una nueva farsa electoral por la comunidad internacional, no le salió muy bien.

“Estos cambios internos son efectos del fracaso del 20 de mayo”, dijo De La Cruz.

Para De La Cruz, el nombramiento de Cabello a la cabeza de la ANC no puede ser descartado como un evento insignificante.

Primero por la importancia que el chavismo le ha dado a ese organismo, convirtiéndolo en los medios de comunicación internos como la madre de todos los poderes en Venezuela, explicó el analista.

Y segundo, porque Cabello es un hombre muy hábil que está acostumbrado a hacer uso de cualquier espacio para consolidar su poder.

“Maduro, con esto, está comprando tiempo, pero va a tener que dormir con un ojo abierto porque Diosdado es el más audaz de todos ellos”, dijo De La Cruz. “Esta es una jugada que si se descuida le puede salir muy cara, y es por eso que al final es una apuesta de alto riesgo”.

PERMISO DE TRABAJO PARA VENEZOLANOS

Gabriela Calderón de Burgos


Mi colega Alex Nowrasteh dijo que después de Siria, la próxima crisis de refugiados se dará en Venezuela: “Desde la llegada del socialismo bolivariano de Hugo Chávez hace dos décadas, 4 millones de venezolanos han huido del país –incluyendo al 1,2 millones que salieron solamente en los dos últimos años–. La escala de la emigración venezolana está rápidamente acercándose a los 5,5 millones de sirios que escaparon de su país durante su guerra civil”. 

Ecuador no es ajeno a esta tragedia. En 2017, según la Subsecretaría de Migración del Ministerio del Interior, el 21% de los venezolanos que ingresaron al país no salió. Esto implica que se quedaron en Ecuador 61.138 venezolanos, “12 veces más que en 2015”. La mayoría de ellos ingresa por la frontera norte, donde las oficinas migratorias receptan 3.000 solicitudes diarias. El 85% de los extranjeros que ingresan por la frontera norte es venezolano. 

Inicialmente el Gobierno colombiano adoptó una política migratoria solidaria con los migrantes venezolanos. Otorgó un permiso temporal de residencia y trabajo (conocido como el PEP) a 150.000, de los 750.000 a 2 millones de venezolanos que están viviendo en ese país. El presidente Juan Manuel Santos revirtió esta política en un intento de lograr mayor control y seguridad en la frontera, pero en lo único que resultará, según Nowrasteh, es que aumentarán los cruces ilegales y se les dificultará a los inmigrantes integrarse a la economía. 

De los gobiernos en países vecinos, quizás la política más amigable ha sido la del Gobierno peruano que creó un permiso renovable de un año para trabajo y residencia que cuesta $ 12. 

En Ecuador, aunque se les ha permitido el ingreso, permanecer legalmente resulta más difícil que en los países vecinos. Muchos piensan que los venezolanos vienen a robarse el empleo que pudieran tener ecuatorianos, pero esto ignora que los inmigrantes vienen a trabajar para mejorar su calidad de vida. Además, los productores y consumidores ecuatorianos se benefician de su trabajo. 

Un porcentaje considerable de inmigrantes venezolanos tiene un alto nivel de preparación. Muchos de ellos incluso vienen con recursos a invertir en sus propios negocios. Según el Banco Central del Ecuador, el 95% de la inversión extranjera directa (IED) proveniente de Venezuela corresponde a inversiones de venezolanos en comercio y manufacturas. 

Los venezolanos que llegan a Ecuador suelen ingresar en calidad de turistas con permiso de 90 días, pero les resulta muy costoso conseguir un permiso de trabajo. La visa de trabajo más barata es la de Unasur, a un costo de $ 250, valor que supera el costo de un pasaje de Cúcuta a Ecuador. Los que no obtienen algún permiso legal se vuelcan al sector informal donde, como dijo un inmigrante, “nos tratan como delincuentes”. 

El Gobierno debería implementar un régimen especial para los migrantes venezolanos considerando la situación extrema por la cual están saliendo de su país. Este régimen comprendería un permiso temporal de residencia y trabajo que podría ser renovado después de determinado periodo. De lo contrario, el flujo migratorio continuará de forma ilegal y no se les permitirá a los venezolanos salir adelante por cuenta propia. (O)

Ni renuncia, ni adelanta elecciones




Aferrado al poder, Ortega acepta invitar a CIDH, ONU y UE, pero no cesa la matanza



Carlos Salinas Maldonado | Iván Olivares


Los obispos de la Conferencia Episcopal de Nicaragua y miembros de la Alianza Cívica que participan en la mesa del Diálogo Nacional dijeron la noche del viernes que estaban “muy satisfechos” por el resultado de las negociaciones sobre verdad, justicia y derechos humanos con el Gobierno de Daniel Ortega, cuya intransigencia estuvo a punto de hacer fracasar el diálogo, que la oposición considera como una negociación para lograr la salida pacífica del gobernante del poder.

Al final de una tensa y prolongada sesión –en la que hasta hubo insultos– los dos grupos acordaron un mecanismo para investigar y esclarecer las masacres y otras violaciones a los derechos humanos cometidas desde el 18 de abril, al aceptar el Ejecutivo el ingreso al país de una nueva misión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), así como delegaciones del alto comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos y la Unión Europea. El Gobierno logró que se incluyera a la Organización de Estados Americanos (OEA), mientras Ortega, en una carta dirigida a los obispos, se negó a aceptar la principal exigencia de la población: su salida inmediata del poder y el adelanto de elecciones, tras sumir a Nicaragua en la peor crisis en cuarenta años y desatar una ola de terror que ha dejado más de 160 muertos, y sugirió que la agenda de la democratización sea discutida por una comisión del diálogo nacional.



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